Relato Erótico: Me desperté con una dulce sorpresa…
Los días siguientes aprovechamos para conocernos y de paso me ayudarían a pintar mi departamento ya que hace tiempo quería darle una mano de pintura, además me dijeron que ellos se dedicaban a eso cuando vivían allá. Uno de ellos se llamaba Renzo y era moreno y el otro se llamaba Jorge y era de piel blanca como yo. Debido a que mi departamento tenía una sola habitación ellos dormían en la sala.
Como yo siempre había vivido sola, cuando estaba en casa aprovechaba para vestirme cómodamente, y vestía un short y una camiseta sin sujetador cuando hacía la limpieza de mi casa, sin pensar que les podría llamar la atención a los chicos que vivían en mi casa. Varios hechos me demostraron que Renzo y Jorge no eran tan inocentes como yo pensaba. Un día que regresé de la calle, vi que el cajón de mi tocador donde guardo mis braguitas estaba revuelto, dándome la impresión que alguien había estado husmeando.
No dije nada sobre ese hecho, pero un día que entré a bañarme, dejé la puerta abierta y al parecer me habían estado espiando mientras me duchaba y un día que entré al baño encontré un poco de semen sobre la tapa del wáter. En los días sucesivos podía notar sus miradas en mis pechos y cuando volteaba los encontraba mirándome el trasero. Como siempre me ha gustado ver como se excitan los hombres con mis formas, decidí darles a este par de chiquillos un poco de gusto, así que para eso, decidí hacerme la que no me daba cuenta de nada y los dejaba ver más de la cuenta para que se mataran a pajas.
Otro día que llegué de la calle, pasé por la sala donde ellos se encontraban jugando ajedrez y los saludé. Dejé a propósito la puerta de mi cuarto entreabierta, sabiendo que tratarían de espiarme debido a su curiosidad natural. Pude escuchar que murmuraban algo y sentí pasos muy leves hacia mi habitación.
Me paré ante el espejo a mirarme, sabiendo que estaban espiándome escondidos en el marco de la puerta. Esa mañana antes de salir me había puesto unas braguitas pequeñas y un sujetador que marcaban muy bien la forma de mis senos. Me había puesto unas medias de nylon que para sujetarse debía hacerlo con portaligas. Me había puesto también una minifalda pegada y una blusa blanca, sabiendo que debía desvestirme ante ellos cuando trataran de espiarme.
Me senté en el banco de mi tocador en dirección hacia la puerta y mientras supuestamente cepillaba distraídamente mi cabello, abrí un poco mis piernas para que desde donde estaban, ellos pudiesen ver mis braguitas y los portaligas que llevaba. Me imaginaba como estarían en ese momento con lo que estaban viendo. Termine de cepillarme el cabello y me paré, quitándome en primer lugar mi blusa y noté que uno de mis pezones se salía por encima del sujetador, pero no lo acomodé. Luego bajé el cierre de mi falda y la dejé caer en el piso, quedándome en sujetador, braguitas y las medias con sus portaligas.
Ellos seguramente nunca habrían visto a una mujer vestida así, ya que en el pueblo donde vivíamos, las mujeres se visten muy recatadamente. Me paseé por la habitación vestida así, acomodando la falda y blusa que me acababa de sacar. Luego Me quité las portaligas y las medias, suponiendo que sus vergas ya estarían por romperles el pantalón.
Había un silencio sepulcral, así que antes de quitarme el sujetador que tenía puesto, saqué otro de mi cajón y lo puse sobre mi cama y los llamé. Se hicieron los que se demoraban y luego los tuve a ambos en la entrada de la puerta, sorprendidos por la forma en que yo estaba vestida y con un bulto en medio de sus pantalones, que no podían ocultar.
Les dije que quería cambiarme de sujetador, pero que mientras lo hacía quería que uno de ellos me sostenga los senos, mientras me ponía el otro sujetador. Renzo inmediatamente dijo que él lo haría, y Jorge replico que él deseaba hacerlo también. Le dije a Jorge que él podría hacerlo mañana y me lo desabroche, mientras Renzo ponía sus manos para recibir mis tetas. Me demoré un poco mostrándome de lo más natural, mientras que sentía su nerviosismo, por el temblor que denotaban sus manos y la mirada de ambos estaban clavadas en mis pechos desnudos.
Me puse el otro sujetador y le agradecí la gentileza y les dije que me iba a dormir y les di un beso en la mejilla a cada uno. Esa noche escuché que entraban al baño y se demoraban más de la cuenta, seguramente para masturbarse en mi honor. Al día siguiente estuvimos arreglando el jardín todo el día, y en la noche luego de bañarnos por separado para quitarnos la tierra del cuerpo, cenamos y entré a mi habitación y me puse un babydoll transparente y debajo solo unas braguitas y salí a la sala donde estaban.
Ambos se me quedaron viendo con la boca abierta cuando salí, y abrí una botella de licor, diciéndoles que me acompañaran a brindar. Ellos tomaron dos copas nada más, pero yo me hice la que me quedaba dormida por efecto de los tragos e hice la que me quedaba dormida en el sillón.
Escuché que entre ellos hablaban de lo buena que estaba y Renzo le dijo a Jorge que me agarrara las tetas. Jorge tenía temor que me despertara, pero más pudo su deseo y sentí que con ambas manos me agarraba las tetas y las masajeaba. Luego de eso, al ver que no me despertaba me recostaron a lo largo del sillón y entre ambos me tocaban y Renzo metía su mano dentro de mis braguitas, masajeando con sus dedos mi chochito.
En el colmo de su atrevimiento, me quitaron el babydoll que tenía y las braguitas también. Al verme desnuda Jorge le preguntó a Renzo, ¿Que hacemos? Yo me la voy a culear, no sé tú. Pude ver con los ojos entreabiertos que ambos se desnudaron y dejaron a la vista sus vergas bien paradas. Renzo se inclinó hacia mí y me empezó a lamer la concha, haciéndome sentir un cosquilleo que me daba ganas de despertarme y dejar que me culeen despierta, pero por otro lado quería seguir con mi juego.
Jorge me besaba en la boca y luego de eso pasó a mamarme las tetas y lo hizo con tal fuerza que casi grito. Renzo se echó encima de mí y me metió la verga por el coño, mientras Jorge miraba como me tiraba. Se movió solo un poco y eyaculó dentro de mí, haciéndome sentir su lechada tibia dentro de mí. Jorge quería entrar también y lo apuraba para que termine. Luego que Renzo se paró, Jorge se puso encima de mí con cuidado y me la metió también, mientras que me chupaba los labios y me decía que era una puta riquísima.
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16.06.2009 - 23:56h - rOm dijo:
17.06.2009 - 23:12h - katyhot69 dijo:
26.06.2009 - 15:42h - Chinita dijo:
27.06.2009 - 04:49h - Anonimo dijo:
16.07.2009 - 08:41h - marcela dijo:
18.07.2009 - 03:42h - jose dijo:
20.08.2009 - 18:50h - BEA dijo: