Siempre que pasaba por mi lado la miraba, miraba su cuerpo entero, empezaba por sus piernas largas y brillantes, mi mirada iba subiendo por su minifalda y pasaba por su estrecha cintura hasta llegar a sus enormes y redondas tetas. En ese momento yo tenía 19 y ella uno menos que yo e íbamos juntos a clase, éramos repetidores. La solía ver mucho y cada vez que la encontraba me subía algo mas que la alegría.
Un día la tenia cerca y empecé a hacer el mismo recorrido por su cuerpo con mis ojos. Al llegar a sus ojos ví que su mirada se dirigía a la mía. Me giró la cara y se fue. Unos días más tarde vino a mi y me dijo con voz dulce.
-me he fijado que mas de una vez has estado observando mi cuerpo
me puse rojo y empecé a decirle que eso no era cierto, etc.
-no mientas, que sé que te pongo, dijo riéndose