¿Qué es el Gang Bang?
Me desnudé, y me senté junto a ella, que seguía vestida. Mientras apagaba la luz, un tipo joven, negro, fuerte, había entrado en la habitación de Sharon. Ya estaba prácticamente desnudo. La luz del cuarto de Sharon había cambiado: ahora era roja.
Ruth me tomó la cabeza con las manos y me besó. "Esto es un regalo, sólo para tí. No te preocupes por mí ahora. Ya me lo pagarás esta noche".
Lo que se podía ver en la habitación de Sharon era algo parecido a las películas pornográficas que Ruth me puso la primera semana. Sharon empezó a restregarse contra el negro (que le sacaba fácilmente unos veinte o treinta centímetros de altura), y bajó su mano hasta su polla. Yo esto no lo podía ver, ya que quedaba por debajo de la ventana, pero era evidente. "O Sharon se echa para atrás, o nos lo vamos a perder", se quejó Ruth. Pero Sharon (que se comportaba como un auténtico putón, dándole la razón a Ruth), lo condujo hacia la cama, que sí que estaba en nuestro campo de visión...
lo sentó en ella y empezó a pajearle tranquilamente. "Ahora sí", dijo Ruth, y ella empezó a hacerme lo mismo. No sé de dónde sacaba tanto líquido: pensé que cuando me corriera no me quedaría nada de leche.
La polla del cliente de Sharon era espectacular. Cuando ví las películas porno, pensé que los negros que salían en ellas estaban especialmente dotados, pero este, al parecer, podría ser perfectamente uno de ellos. El tipo se tumbó en la cama, y Sharon se puso de rodillas junto a él, frente a nosotros, y empezó a mamársela. La polla de ese tipo ejercía una atracción magnética. A lo lejos, por la saliva de Sharon, la luz roja y el propio fluido del hombre, brillaba como si fuera de mentira. Pero no, no lo era.
- ¿Te gusta su polla?
Parecía como si Ruth me estuviera leyendo el pensamiento. "Y no me digas que no eres marica, que eso no tiene nada que ver. Estamos hablando de pollas y coños. Estamos hablando de sexo. No tiene nada que ver que no seas marica". No supe qué responder. Ruth comprendió mis dudas, me acarició y, al oido, me susurró: "Yo no soy bollera, pero le he dejado a Sharon que me folle un par de veces. Y es magnífica, cielo, te lo puedo asegurar". Eso ya era excesivo. Antes de que contestara, Ruth bajó a mi polla y, ahora sí, empezó a mamármela, succionando y lamiendo mi capullo con su lengua. Recogió todo el sabor que pudo de mi polla, se incorporó y me dió un profundo beso en la boca. Me choqué con sus dientes, su lengua, su saliva y mis líquidos.
- Y ahora déjame que mire un rato, ¿vale?
El negro masajeaba las tetas de Sharon, que amenazaban con salirse de su sujetador. Ella sonrió, se incorporó y se lo quitó. No eran firmes como las de Ruth (no podían serlo, con ese tamaño), y se bamboleaban obscenamente. Se puso de pie sobre la cama, y se sacó también las bragas. Desde tan lejos no pude asegurarme, pero o tenía el coño afeitado, o sus vellos eran extremadamente rubios. Sharon se arrodilló, se sujetó las tetas y empezó a follarse la polla del hombre entre ellas. Definitivamente, mi opinión sobre Sharon había cambiado.
A todo esto, Ruth no había dejado de pajearme suavemente. Su saliva había lubricado mi polla lo suficiente como para poder seguir frotándome el capullo con su palma indefinidamente. Con sus uñas arañaba con suavidad el borde inferior del glande, una zona aún más sensible. Sabía que aún no me iba a correr, que ella no me lo permitiría, pero empecé a sentir pequeñas sacudidas nerviosas por todo mi cuerpo.
- Quítate las bragas, Ruth.
No me dí cuenta de lo que yo mismo había dicho hasta que no lo escuché. Ella también se quedó sorprendida, pero no por ello dejó de masajearme el miembro. Sonrió: "Vale. Pero sólo las bragas". Se las sacó sin quitarse el vestido. Me tomó la mano y me la metió entre sus piernas, para que la masturbara un poco. Su coño era como un pequeño horno: caliente, empapado. Con las yemas de los dedos acaricié los labios de su vulva. Ruth cerró los ojos: "Ay, Dios. Pero muy poquito, por favor. Ahora es para tí, Juan". Sus deseos eran órdenes para mí, así que me olvidé de introducirle los dedos, y apenas rocé su clítoris. Cada uno estaba conectado por la mano al sexo del otro, y casi nos olvidamos de Sharon y de su amigo hasta que Ruth me lo recordó.
- No te lo pierdas, ahora, mira.
Sharon se levantó de la cama. Pensé que se iba a subir de pie y se iba a dejar caer a horcajadas, follándose encima suyo. Pero estaba muy equivocado. Sharon salió de mi campo de visión, y volvió a él portando un consolador con correas. Se sujetó éstas a su cintura, y enarboló la falsa polla como si fuera suya. Tomó un tarro de crema de la mesilla y empezó a aplicársela en el consolador como si se estuviera haciendo una paja en él.
Automáticamente, el negro (que estaba tumbado boca arriba) dobló sus piernas, encogiéndolas, y las sujetó con sus manos por debajo de sus rodillas, abrazándolas. Sharon, frente a él, empezó a frotar su consolador contra el ano del hombre. Primero poco a poco, luego con más ritmo, Sharon empezó a penetrar al tipo.
Al principio se tomó su tiempo, y mientras le sujetaba por las nalgas, le hacía una paja con cariño, con calma, sin ninguna prisa. Yo no podía ver la cara del negro, pero era evidente que aquello le gustaba: no hacía ningún movimiento para evitarlo, y si lo hubiera querido se habría deshecho de Sharon de un simple empujón.
Pero no. El hombre movía las caderas para aguantar los empujones. Sharon empujaba un poco, sacaba la polla, volvía a empujar un poco más hondo, la volvía a sacar, y así, hasta que vi cómo el consolador desaparecía por completo en el culo de él. Entonces, ella empezó a contornearse, removiendo el aparato dentro del tipo. Soltó sus dos manos de las piernas de su amigo, y las aplicó a su polla: sus movimientos sobre ella eran similares a como si estuviera ordeñándola, desde su base. En ese instante, Ruth (con una sola mano) me hizo algo parecido, y supe lo que le estaba haciendo: era eso, exactamente, le estaba ordeñando, extrayendo su fluido pre-seminal.
Sharon empezó a meter y sacar su polla de plástico (o de lo que fuera) con mayor rapidez, pero ahora había empezado con un juego distinto: cuando la sacaba, se agachaba sobre el pene del negro y se lo chupaba un poco; luego, se levantaba, se lo volvía a meter, se lo sacaba, se la chupaba, y así un buen rato.
Ruth se levantó, y me la soltó un segundo. Se sacó el vestido por la cabeza, y se quedó desnuda. Se subió a la cama, se puso detrás mía, pegó sus tetas a mi espalda, y desde atrás siguó pajeándome, pero esta vez a dos manos. Acercó su boca a mi oreja, y empezó a lamerla. Sentí como una corriente eléctrica, pero sabía que no podría correrme hasta que ella no me acabara. Empezó a murmurarme al oido: "Olvídate del negro, olvídate de él, y piensa sólo en su polla. ¿Te gusta, sí o no?".
Yo hubiera dicho cualquier cosa que ella hubiera querido que dijera, y hubiera hecho cualquier cosa que ella hubiera querido que hiciera, pero en realidad no tuve que mentir: "Sí". En esos instantes, con la fiebre que sentía, me hubiera encantado hacerle yo una paja, quien sabe si incluso saborearla. Pero me hubiera gustado que fuera sólo a una polla, no a un hombre. Así se lo dije, entre jadeos, pero Ruth no se rió, como me temí. "Entonces, ¿qué te gustaría? ¿Una chica con polla?". "¡Sí!". Por Dios, era como un sueño, sería algo magnífico. Ruth siguió fantaseando con ello: "Una niña, con sus tetas, su carita de ángel, su culito respingón, pero con una pollita para tí, ¿verdad?". Yo ya no hablaba, sólo afirmaba con la cabeza.
En la habitación de enfrente, Sharon había conseguido que la polla del negro hubiera aumentado aún más su tamaño: se la veía poderosa, quizá más gruesa. Así que Sharon tomó sus medidas: se deshizo de las correas del consolador (que seguía encajado en el culo del negro), sacó un condón de la mesilla, se lo desplegó en la polla y, ahora sí, se sentó a horcajadas sobre el hombre, sólo que dándole la espalda.
Sharon estaba disfrutándolo. Se contorsionaba como una posesa, se movía para encajarse a su gusto la enorme polla, pero a la vez se agachaba sobre el culo de él y seguía follándole con el vibrador.
- Bien, esto ya lo he visto.
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07.08.2007 - 17:52h - ENMANUEL dijo:
07.08.2007 - 22:12h - japa dijo:
14.08.2007 - 12:21h - Anonimo dijo:
29.08.2007 - 11:51h - olga dijo:
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16.05.2009 - 03:52h - jose david dijo: