Relato erótico
Le saqué la chaqueta y sus manos agarraron suavemente mi cintura, tenía las manos frías y sudorosas, acariciaba con sus manos mis caderas, luego le solté la corbata y me acarició la espalda, le solté el cinturón y los botones de la camisa. Pude observar como se concentraba en mi masaje y cerraba los ojos. Seguí acariciándole. Tenía un cuerpo bonito, bien proporcionado y cuidado, seguramente practicaba deporte habitualmente, ya que tenía una buena musculatura.
- ¿Te gustaría que te comiera la polla?
Me sonrió.
- ¿Estas de broma?, es lo que más deseo en estos momentos. - respondió con la voz temblorosa.
- Te costará… 25 ordenadores portátiles.
Ni siquiera discutió el precio ni la cantidad. Apunté el pedido, volví a arrodillarme frente a él que seguía sentado en el sillón. Le agarré su tieso miembro y suavemente empecé a chuparle los huevos, con mi lengua fui subiendo por toda su polla…
- ¡Cómemela ya! - me gritaba desesperado.
Quise darle más gusto haciéndole desear ese momento de introducirme toda su polla en mi boca. Seguí acariciándole los muslos mientras mi lengua recorría su dura verga. Iba una y otra vez desde la punta hasta la base y viceversa recorriendo aquel pene con toda la calma del mundo… Decidí no hacerle esperar mucho más y me metí todo el glande en la boca. Su respiración paso de ser acelerada a casi fatigada. Apreté fuertemente los labios notando todo su perímetro entrando en mi boca. Empecé a bajar y a subir hasta la mitad del erguido aparato.
- ¡Que maravilla, que gusto me das!… Nunca me lo habían hecho así.
Seguí en mi labor de entrar y salir hasta la mitad de su miembro, pero noté como estaba a punto de eyacular y decidí entrar y salir pero más a fondo, como si fuera ganando terreno cada vez más. Yo notaba como aquello le producía un gusto enorme.
- ¿Te ha gustado?
- ¿Qué si me ha gustado?. Ha sido… ¡Memorable! - me dijo con admiración.
Me sentí halagada. Volví a pasar la lengua por mis labios recogiendo las últimas gotas y le contesté sonriendo:
- Gracias.
Siguió observándome.
- ¿Completamos el lote y te como ese precioso coño…? - dijo eufórico señalando a mi ardiente sexo.
- Apuntaré 10 ordenadores completos con CD-ROM. - comenté tomando nota en mi bloc del nuevo pedido.
Me tumbé sobre la mesa poniendo mi coñito en el borde, mientras abría las piernas. Acercó su sillón de ruedas y puso su cara a unos centímetros de mi húmedo sexo. Se quedó un buen rato mirándolo, observando cada centímetro, explorando cada curva. Mientras acariciaba mis zapatos de tacón negros como si fueran de cristal, con su lengua recorría lentamente una de mis piernas, desde el tobillo hasta el muslo, volviendo a bajar por la otra pierna en sentido contrario, volvía a la otra.
- ¡ Mmmmmmmm !, ¡ que gusto!, ¡ que rico ! - gemía yo.
Fue todo muy rápido, pero él no dejó de chuparme y de acariciarme por todo el cuerpo, sus manos pasaban por mis muslos, por mis tetas, por mis caderas y por mi cara y al mismo tiempo no dejaba de lanzarme frases de admiración. Todo aquello provocó en mí un orgasmo impresionante Me quedé con los ojos cerrados durante un rato.
- ¿Que tal? - me preguntó, aun sabiendo que me había hecho gozar como a una loba.
- ¡Fantástico! - respondí satisfecha.
- ¿Seguimos? - preguntó con ganas de completar la faena.
Yo sabía que aquello no se iba a quedar así, pero quise ponerle aun más cachondo y excitarle a tope.
- No. Creo que ha sido suficiente - le dije mientras me incorporaba e iba recogiendo mi ropa.
- ¡Vamos muñeca!, apunta 30 o 40 aparatos más o lo que tu quieras, pero yo te tengo que follar.
Mientras me decía esto, su miembro iba creciendo alegrándose de las palabras de deseo de su dueño.
- No, lo siento, yo solo dejo que me folle mi novio. - le mentí, ya que por entonces yo no tenía pareja.
Me dirigí hasta una de las sillas colocándome el sostén, haciéndoselo desear de veras. Se abalanzó sobre mí y prácticamente me arrancó el sujetador llegando a romper los corchetes. Me agarró con fuerza por los brazos y me empujó contra la librería que tenía a mis espaldas.
- ¡No me vas a dejar así, puta! - me gritó.
Yo gozaba viéndole fuera de sus casillas y me había dado tanto gusto al comerme el chochito que estaba como loca porque me penetrara. Pero aun así me hice la dura.
- ¡No por favor! - le decía mientras intentaba zafarme de él.
Me agarró por las manos y las subió por encima de mi cabeza mientras su boca comenzó a morderme las tetas, dándome mucho gusto y al mismo tiempo algo de daño.
-¡Que bien me follas cabrón! ¡Como te siento dentro de mí!.
Mis propias palabras y lo bien que me estaba jodiendo aquel hombre hicieron que tuviera un orgasmo fantástico que hizo que soltara gemidos y gritos como si fuera una gata en celo. Notaba como la boca se me quedaba seca, como los pezones se me endurecían. Mis gemidos hicieron que él llegase al clímax y poniendo los ojos en blanco se corrió en mi interior como un chaval. Sacó su pene chorreante de mi cueva y esparció la leche que le quedaba por mis muslos y por mi pubis. Nos abrazamos y nos entregamos en un dulce y profundo beso que entrelazó nuestros labios y nuestras lenguas. Me quedé observándole y sonriendo le dije:
- No es necesario que hagas este pedido, he disfrutado como pocas veces, ha sido realmente excitante…
- De ninguna manera, ese pedido está hecho y te lo has ganado preciosa, tú si que me has hecho gozar, follas de maravilla.
Nos vestimos y después de hacerlo nos fumamos un cigarrillo, terminamos con otro ardiente beso y nos despedimos con un cordial apretón de manos. Aquella táctica de venta me sirvió para hacer una buena venta y al mismo tiempo para sentir una explosión de placer…
Ver más...
Manual del sexo de verano... ¡Atenta a estos 6 mandamientos!
Relato erótico: Al fin consigo que mi cuñado me desvirgue
Relato Erótico: En su noche de bodas, la novia se desnuda para otro
Relato Erótico: Obligo a la mujer de mi amigo a masturbarse en mi presencia
Errores comunes en el maquillaje ¡Ponles remedio!
Movie Star
Climbing for love
Manicure game
Net pet