Relato erótico
Después de desnudarme con la mirada, se sentó en su sillón y yo hice lo mismo en el mío. El caso es que fuimos conversando al principio de cosas sin importancia, como el tiempo y esas cosas, me ofreció un refresco, luego un cigarrillo y al rato, mientras me agachaba a coger de mi maletín otro folleto, me dijo:
- Oye, perdona… ¿Sabes que eres una preciosidad?
- Gracias. - respondí con una sonrisa de agradecimiento.
De pie como estaba, yo movía las piernas cambiando de postura y él sudaba observándome y aguantándose por no meterme mano en algún momento. Volvió al ataque:
- Perdona, pero es que te estoy mirando y tienes un cuerpo maravilloso…
- Vamos, veamos las fotos. - contesté intentando disuadirle, aun sabiendo que él no se iba a rendir fácilmente.
Llegó un momento en el que se le veía más excitado, incluso podía notar su erecto pene a través del pantalón. Le puse más a prueba y le dije:
- Sí no te importa, me voy a sentar en la mesa, para estar más cómoda y mientras te voy enseñando los catálogos, porque de pie es algo incómodo…
- No, no, claro. - contestó él muy contento.
Así que me senté sobre la mesa prácticamente frente a él, crucé las piernas a pocos centímetros de su cara, hice mis movimientos súper sexy y le sonreí, pero ya os podéis imaginar: la postura de una joven sexy en minifalda, sentada sobre su mesa al alcance de sus manos……
- ¡Oye! ¿Que haces? - protesté yo enfadada mientras le retiraba la mano.
- Perdona… - se disculpó él - pero fue un arranque de locura…
Seguimos viendo fotos de los productos en sus distintas categorías y formas. De nuevo me miró las piernas y el escote y me preguntó:
- Tú te llevarás una buena comisión por todo esto ¿no?
- Bueno, eso depende del volumen de venta. - le contesté.
- Yo te haría un pedido, pero claro, tus precios son más elevados que los de la competencia, si no me ofreces algún descuento o alguna ventaja… - comentó con ironía. Sin apenas darse cuenta estaba cayendo en la trampa. Con cara de inocente le dije:
- Descuento no puedo ofrecerte, ya que los precios son muy ajustados, ventaja… no se me ocurre…
- Bien… - dijo él cortándome- yo tengo en la empresa unos 90 ó 100 equipos a los que les haría falta unos filtros protectores para monitores….sería un buen pedido ¿no crees? Hizo una pausa. Se arrascó la cabeza y siguió:
- …quizás por 90 ó 100 filtros…
- Por 90 ó 100 filtros ¿que? - pregunté con impaciencia.
- Pues que si…. ¿me enseñarías tus braguitas? - preguntó de repente.
Le miré con cara de sorprendida.
- ¿Como? Vas muy directo ¿no? - le dije.
- Bueno… tú sacarías beneficio y yo lo sacaré viéndote a ti.
- Para nada, olvídate de ello. - contesté rotunda.
- Anímate chica, recuerda la comisión…
- No, yo no hago ese tipo de cosas, me parece una pasada.
Estaba muy excitado y cada vez más empalmado, su 'bulto' quería salirse del pantalón a toda costa.
- Recuerda, son 90 ó 100 filtros… - insistió.
Yo me estaba poniendo excesivamente dura con él.
- No me parece buena idea, además, podría entrar alguien… - le dije.
- No hay nadie, se han ido todos a comer, estamos solos. Solo está el vigilante y no nos molestará - contestó rotundo.
- Me da vergüenza - insistí de nuevo muy recatada.
- ¡Vamos bonita! - me animó - recuerda que sacaras una buena comisión…
Me hice un poco la remolona, pero seguí su juego que al fin y al cabo era el mío, total la cosa no podía acabar muy lejos, o al menos eso creía yo.
- ¡Esta bien!, tomaré nota de 100 filtros. - respondía yo mientras apuntaba el pedido en cuestión.
Ya no le hice esperar más y 100 filtros me parecían justo por verme solo las bragas, así que me levanté de la mesa, me solté los botones de la falda, me la bajé lentamente y me la saqué por completo. Se quedó boquiabierto al verme con mis braguitas de encaje….
- ¡Las manos quietas! - le increpé.
- Este bien. Veo que me va a costar caro, ¿por 100 alfombrillas y 100 ratones nuevos podría ver tu sostén?
- No sé… - comenté yo.
- Vamos mujer, que te haré un buen pedido, ya verás…
- De acuerdo. Pero solo eso ¿eh?
Así lo hice, me solté los botones de mi blusa y a través de mi escote le enseñé mi sostén igualmente negro, igualmente sexy e igualmente ajustado y diminuto, con su lacito en el centro.
- Venga, sácate la blusa - me rogó bastante nervioso.
No quise hacerle esperar mucho más y me quité la blusa por completo quedándome en ropa interior frente a aquel hombre que se iba poniendo cada vez más nervioso.
- 100 alfombrillas y 100 ratones… - comentaba yo mientras tomaba nota del nuevo pedido.
Se quedó observándome de arriba a abajo durante un buen rato. Estaba claro que lo que más le interesaba en ese momento era desnudarme más que la compra de cualquier cosa.
- ¡Que cosa más linda! - me soltó con admiración que yo agradecí con una inclinación de cabeza y con un sonrisa. Hice un giro.
- ¿Te gusto? - le pregunté con carita de niña buena.
- Me encantas… Dime ¿Qué tengo que comprar por quitarte esa ropa interior? - me preguntó.
- ¿Por quitármelo todo? - le pregunté alarmada.
- Si, amor… dime, ¿Cuánto me costaría que te desnudara?
- ¡No! De eso ni hablar. Creo que eso ya es demasiado. Mejor lo dejamos así… - dije yo, consiguiendo impacientarle, mientras recogía mi blusa dispuesta a ponérmela.
- Vamos, sabes que estoy en tus manos. Por favor, dime ¿Cuál es el pedido por quitarte yo mismo ese bonito conjunto negro?
Me quedé pensativa, intentando averiguar hasta donde llegaría todo aquello. Lo cierto es que nunca me había lanzado tanto, pero la situación aparte de haber llegado bastante lejos me iba excitando cada vez más, me apetecía mucho darle ese gusto…
- Yo no me desnudo así como así, delante de nadie. - dije rotunda negando con la cabeza.
- Pero mi vida, tu pones el precio. Puede ser mucho dinero para tu empresa, lo que significará mucho dinero para ti.
- ¿Seguro? - pregunté.
- Si, venga, ¿Qué tengo que pedir por desnudarte?
Volví a pensar mirando hacia el techo.
- ¡Esta bien! - dije - El precio son: ¡50 impresoras láser!
- ¿Cómo? - preguntó asustado.
- Pues eso… ¡50 impresoras!
- Cariño, creo que te has pasado.
- No, no me he pasado. Ese es el precio para que me quites la ropa, así que… tu mismo.
- Mejor lo dejamos en 30 impresoras… - me dijo.
- 40 y cerramos el trato. - respondí.
No lo dudó por mucho tiempo y asintiendo con la cabeza, dejó que tomara nota del nuevo pedido y nos colocamos en pie el uno frente al otro. Se pasó la lengua por los labios relamiéndose de gusto, preparado para despojarme de mi conjunto negro. Algo más nervioso, se arrodilló ante mí y metiendo sus manos en los elásticos de mis braguitas, fue bajando estas por mis muslos hasta sacármelas por completo, admirando mis piernas a medida que avanzaba hacia mis pies. Toda desnudita me quedé frente a él. Con sus ojos recorría mi cuerpo por entero y muy especialmente en mi sexo que estaba muy recortadito con una línea de vello negro alrededor de la rajita.
- ¡Pareces un sueño! - dijo. ¡Eres preciosa!
Esas palabras me hicieron sentir un escalofrío de gusto que recorrió todo mi cuerpo, sintiendo como mi chochito se humedecía.
- ¿Qué te parece si aumentamos el pedido en otras 40 impresoras de chorro de tinta a color? - le pregunté mientras me pasaba la lengua por los labios y acariciaba mis pechos, mi cintura y mis caderas con toda la sensualidad del mundo.
- ¿A cambio de que?- preguntó intrigado.
- Pues te desnudo yo a ti y dejaré que me acaricies. ¿Te parece caro?
- Me parece que estoy soñando. Toma nota y empieza ya. - dijo él muy excitado.
Relato erótico: Al fin consigo que mi cuñado me desvirgue
Relato Erótico: En su noche de bodas, la novia se desnuda para otro
Relato Erótico: Obligo a la mujer de mi amigo a masturbarse en mi presencia
Las 20 prendas triunfadores para fiestas... ¡Éxito asegurado!
Movie Star
Climbing for love
Manicure game
Net pet