Relato Erótico
Me apresuro a hacerme la dormida.
Paco llega hasta la cabecera de mi cama, acerca su cara a mi rostro, y me susurra al oído.
-No finjas, te he oído, me dice- suerte que tu hermano no tiene el sueño ligero.
Abro los ojos y le miro. No se que hacer, pero Paco resuelve el problema. Retira la colcha que me tapa, y contempla mi vulva, llena de jugos húmedos, palpitando por la masturbación a la que la he sometido hace unos instantes.
Su grueso dedo toca mi vulva. Un estremecimiento recorre mi cuerpo. Sin dejar de mirarme, empieza a masturbarme, arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo...
Empiezo a suspirar levemente. No dejamos de mirarnos a los ojos. Con la otra mano, me separa las piernas, que yo abro totalmente.
Acerca su boca a la mía. Nos besamos con fruición. Su dedo adquiere velocidad y fuerza. Empiezo a mover mi vulva adelante y atrás. Un pequeño grito indica que voy a correrme.
Paco deja de masturbarme. Se sitúa de forma que mi coño está solo a unos milímetros de su boca. Saca la lengua y la pasa por los labios ardientes y húmedos.
Vuelvo a gemir. Me morrea el coño con su boca, adentrando su lengua hasta que la siento llenarme.
Me retuerzo de gusto en la cama. Me vuelvo loca de placer, gimo y grito que me de más, que me haga correr como a su novia.
- ¡Dame más!, más lengua, ¡ahh, ahhhh!, como me gusta- gimo mientras sostengo su cabeza con mis manos y la aprieto contra mi raja, ahora mojada como nunca lo había estado.
Paco mueve la lengua con fuerza, me masturba el clítoris hasta que creo que voy a morir de placer. Y en ese momento me deja y sale de la habitación.
Casi le grito que no se vaya, que vuelva y termine el trabajo, pero en un susurro, ya casi fuera de su habitación, me dice que espere.
No puedo evitar masturbarme con fuerza, gemir ya sin que me importe nada más.
No pasan ni quince segundos cuando Paco vuelve a entrar en mi cuarto, esta vez desnudo, con su verga totalmente tiesa y su capullo color púrpura reluciendo casi en la oscuridad.
Yo abro las piernas, me las cojo con las manos y las sostengo así, exhibiendo la vulva ante él.
Creo que va a penetrarme cuando se acerca a mí, pero no..., todavía no.
Vuelve acariciarme los labios mojados con el dedo, y acerca su enorme rabo a mis labios.
No es necesario decir nada, al principio beso su capullo, insegura, luego, me lo voy metiendo en la boca, lentamente, mientras un gemido lento y profundo se le escapa. A medida que absorbo su trozo de carne palpitante, se va poniendo aún más duro. Pero mi boca golosa se lo traga todo. Me habla en voz muy baja mientas se la chupo.
- Nena, nenita, así... si ¡Ahhh, sigue, ahhhh!, ahora, si, recorre el glande con tu lengua, ahhh, si, chupa con fuerza, que boquita tiene mi niña, ahhh, ahhhh...
Su dedo vuelve a obrar un efecto mágico en mi. Y mi vulva expele una nueva riada de gotas espesas, de fluido vaginal que impregna su dedo. Este, cada vez más atrevido, empieza a insinuarse en la entrada, penetrando ya la primera falange en mi vulva. Y yo gimo, con su polla en la boca, chupando sin parar, y sintiendo como su dedo me va llenando.
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