Relatos eróticos
Te giras sorprendida y al hacerlo tu cintura roza justo por debajo de la mía. Te beso. Es un beso en la mejilla, pero no es "solo" un beso. Apenas te toco con los labios, dejándolos en tu piel durante un par de segundos, los necesarios para que un beso en la mejilla sea algo más. Nos besamos.
Sólo unas horas antes, aquella tarde, estábamos en la estación, viéndonos por primera vez. Se habían terminado las horas hablando por el Messenger, haciendo planes para vernos sin estar seguros de que fuera a ocurrir, se había terminado el imaginar si las fotos engañaban, si éramos tal y como pensábamos. Casi no me lo podía creer cuando aceptaste continuar el viaje en coche para venir conmigo a pasar la noche en un pequeño hostal en una pequeña aldea perdida en la sierra.
En el coche todo eran miradas, a mí me costaba centrar la vista en la carretera y no mirar tus ojos que me observaban, tu boca que deseaba besar y tus pechos que ansiaba tocar mientras los imaginaba bajo tu ropa paseando junto al río, entre los árboles sin hojas, nos besamos en la cena algo me decía que esa noche te podría ver desnuda.
Es un beso pausado, casi medido. Juntamos los labios y abro tu boca con mi lengua, la deslizo entre tus dientes con un chasquido, aspiro tu aliento, saboreo tu saliva, tu lengua se posa sobre la mía y el calor de tu aliento me llena la boca de nuevo. Tengo los ojos cerrados, pero puedo sentir como me acaricias los labios con un dedo antes de que nuestro beso acabe.
Cuando separamos los labios apenas puedo disimular la vergüenza al comprobar que mi excitación se hace palpable bajo mi pantalón. Tú también pareces haberte dado cuenta pero no dices nada. Te cojo de la mano y me siento en una silla cercana, te doy la otra mano y te atraigo hacia mí. Con otro beso bajo las manos por tu torso posándolas en tu cintura, te beso en los labios y con un movimiento te llevo a sentarte sobre mis rodillas.
Desabrocho el primer botón de tu pijama, luego el segundo y puedo ver el comienzo de tus pechos a través de tu escote, el tercero y veo que estás desnuda, desnuda bajo ese fino pijama que ya apenas te tapa los senos. No sé muy bien lo que hago, si voy por el buen camino o si me estoy equivocando, pero ahora que he empezado no voy a parar. Me sacas de dudas con un tímido beso y tus labios me dicen en silencio que debo seguir.
Ha pasado mucho tiempo desde que hablamos por primera vez y por fin te tengo entre mis brazos. ¿Dónde está toda esa timidez? ¿Dónde esos principios de niña buena que te hacían callarte las respuestas a mis preguntas? Ahora te tengo sentada sobre mí y la niña tímida me permite perderme entre los pliegues de una chaqueta de pijama por fin desabrochada, en el canal que separa dos senos turgentes, dos aureolas rosadas, dos pezones ya endurecidos por el contacto con mi lengua y mis dedos.
La muchacha tímida sigue ahí, pero reprimida ante la pasión que tanto se ha hecho esperar, ante el calor de los besos y el contacto de la piel con la piel.
Me quitas la sudadera con ansiedad, casi con urgencia, me quitas la camiseta y me besas, me besas el pecho desnudo como yo he hecho antes contigo, me besas el hombro, yo a ti el cuello. Ahora hueles también a sudor, a sudor cálido, a pasión líquida que emana de tus poros mientras nos acariciamos. Ese olor me despierta, me hace reaccionar. Suavemente te levanto, te abrazo y te llevo a la cama, te echo en ella y me arrojo sobre ti, con los brazos a cada lado de tu cuerpo desciendo hasta tocarte, vientre con vientre, pecho con pecho, boca con boca.
--SP..
No puedo esperar, no quiero esperar. Con la boca desciendo por tu piel, cada recoveco, cada rincón de tu torso siente mi aliento, la tela del pantalón de mi pijama te roza al deslizarse hasta el suelo, mi miembro excitado toca la tela entre tus muslos antes de que también el pantalón de tu pijama se escurra por tus piernas y deje ver ese premio que tanto he anhelado, ese bosque que ahora me parece sagrado, como si lo que voy a hacer fuera un sacrilegio, la violación de un secreto que durante tanto tiempo me ha sido ocultado.
Me siento impaciente, pero a la vez quiero disfrutar de este momento, alargarlo como si así pudiera evitar que acabase. Me agacho ante ti, ante tus piernas y tu bosque, abrazo tus muslos, acaricio tus caderas y las beso, beso tu cintura, tu vientre, introduciéndome entre tus piernas, apretándome contra tu vulva, manoseando tus ingles que ahora se empiezan a humedecer.
Te miro durante un momento, mi mirada busca en tu rostro una seña de aprobación. Necesito tu permiso para seguir y tu rostro me devuelve una mirada primero de duda y luego de pasión. Ahora sé que toda prisa está de más, que ahora que por fin te tengo entre mis brazos este es el camino correcto. Me desvío de mi propósito sólo un momento, sólo lo necesario para besar tus labios, tu cuello y el espacio entre tus pechos.
Luego, agachándome otra vez entre tus piernas toco con las yemas de los dedos tu vulva, los arrastro entre sus labios y es entonces cuando, sin avisar, mis labios cerrados sustituyen a mis dedos en su caricia. Lo hago como cualquier otro beso, primero despacio, con los labios casi cerrados, luego, abriendo con ellos los labios de tu vagina hasta que se acoplan a los míos en una unión perfecta.
Introduzco la lengua y me recreo en ese sabor a sal y lujuria. Uso un dedo para hundirme más a fondo en tu interior, para abrir tu cueva a mi lengua que se mueve entre tus labios, tocando a veces tu clítoris, haciéndote gemir. Siento como te estremeces, como tiembla tu cuerpo hasta que una serie de gemidos y un pequeño grito me anuncian que has alcanzado el orgasmo.
Con la misma decisión con que empecé, separo mi boca de ti, me acuesto a tu lado y te abrazo. Nos miramos a los ojos, sonreímos y sólo te digo: -Gracias-. Me sonríes. Con un beso me coloco sobre ti, me encajo entre tus piernas, mi sexo, otra vez erecto, se hunde entre el vello oscuro y siento la humedad de tu interior en él, siento tu calor, me siento cómodo, como si ese agujero húmedo y acolchado estuviera hecho para albergarme.
Relato erótico: Al fin consigo que mi cuñado me desvirgue
Relato Erótico: En su noche de bodas, la novia se desnuda para otro
Relato Erótico: Obligo a la mujer de mi amigo a masturbarse en mi presencia
Trucos de maquillaje de las modelos... ¡Presume tu también de morritos!
Movie Star
Climbing for love
Manicure game
Net pet