¿Qué nos sucede cuando esperamos demasiado de nuestra pareja?

En ocasiones el sufrimiento al que nos exponemos se convierte en innecesario cuando debido a nuestras expectativas o deseos, el amor se convierte en una experiencia de dolor. Sin embargo, este dolor no tiene nada que ver con el amor, sino con nuestras fantasías, sueños o ilusiones que, cuando no se ven satisfechos, nos producen una profunda decepción.

En mis consultas acostumbro a las respuestas para intentar no darnos de bruces con la realidad. Por lo general, las expectativas que se ponen en una relación afectiva suelen ser muy altas, muy numerosas…Y a veces muy irracionales. Por ejemplo: ‘sentiré el amor por todo mi ser’, ‘nos lo pasaremos muy bien juntos’, ‘tendremos momentos románticos indescriptibles’, ‘la convivencia será sin problemas ni obstáculos’, ‘estaremos de acuerdo en todo -o casi todo-‘, ‘no nos enfadaremos’, ‘nos harán reír las mismas cosas’, ‘nos apetecerá hacer lo mismo en el mismo momento’, es decir, confundimos la magia del amor con que el amor haga magia.

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Pero aún no han terminado las expectativas que solemos poner en la persona que hemos elegido como pareja. Cada uno tiene su repertorio de necesidades, y por lo general, esperamos que la relación afectiva supla o potencie las carencias sociales, económicas, sexuales, de ocio, de soledad… En fin, todo un puzzle con piezas sin ajustar que, por lo general se espera que la otra persona acierte a colocar en su sitio, o incluso a aportar las que faltan.

Ahora vamos a ponernos en el lugar de la otra parte de la relación, que desconoce cómo se ha moldeado el filtro a través del cual se le está percibiendo. ¿Qué haríais si alguien os transmitiera de una vez todas las expectativas que espera satisfacer a través de la relación con vosotros? Algunas suelen ser maravillosas y dar en el centro de nuestra vanidad. Acostumbran a ir detrás de un ‘te quiero’, ‘dejo atrás mi pasado por ti’, ‘has hecho de mi una nueva persona’…. Pero, ¡cuidado!, eso no es amor. Nos sienta de maravilla que alguien nos considere tan estupendos, pero no hay que confundirse.

Especialmente porque después viene la parte en la que también hay que ser maravilloso para cubrir necesidades de las que probablemente no nos corresponda responsabilizarnos. Y ahí es donde empezamos a resistirnos, a enfadarnos y a decepcionarnos. Bien porque el otro no es capaz de darnos lo que deseamos o bien porque nos está pidiendo algo que no estaba previsto tener que empezar a dar.

Lo importante es que tengamos claro que cuando nos enamoramos, probablemente no podamos evitar sentirnos en una nube y que se nos dispare todo el repertorio de nuestras ilusiones más deseadas. Pero, una vez pongamos los pies en tierra, tenemos que enfocar de nuevo nuestra mente y modular muy bien los sentimientos con la razón. Nuestra pareja es alguien que se está conociendo a sí mismo, que está peleando sus batallas y que también tiene necesidades e ilusiones, pero está muy lejos de ser perfecto o perfecta.

Lo más realista y por qué no, también lo más romántico, no es esperar a un héroe que nos rescate o nos resuelva todo aquello que no somos capaces de proporcionarnos por nuestros medios, sino a esa gran persona con la que podamos crecer, aprender, reír y compartir para hacer de nuestra relación, con sus luces y sus sombras, la experiencia más satisfactoria de nuestra vida.

mila

Mila Cahue es la autora del libro “Amor del Bueno”, primero de la colección “Tu Vida en Positivo”, editado por JdJ Editores y Actitud de Comunicación. Es Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y especializada en relaciones de pareja en el Centro de Psicología Álava Reyes.

 

 

 

Imágenes: imagenesenfacebook/mundofacebook

 

 

 

Autor: Mila Cahue

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