Isabel Preysler, cincuenta y cinco años. Una perla filipina que no se deteriora ni con vinagre. No hay duda de que el mito creado en torno a la figura de Preysler vivió su máximo esplendor tras enamorarse de Miguel Boyer y pasar de las portadas de las revistas a las de los periódicos. Isabel Preysler debe de estar comprando en Gucci con una sonrisa de oreja a oreja (¿las operaciones le permiten sonreir tanto?) pero nosotros vamos investigando... ¡y mira lo que hemos encontrado!
Pero también es verdad que, desde hace años, la actual señora de Boyer -
hipermegadiscreta, como su gargantilla de brillantes como garbanzos- hace una vida totalmente alejada de los focos salvo las contadas ocasiones en las que posa para sus contratos publicitarios con Porcelanosa o la joyería Suárez.
Se ha llegado a decir que su padre la mandó a España para separarla de un señor casado, cuando lo cierto es que de quien se enamoró a los 17 años fue de un chico de 26, que pertenecía a una familia muy conocida y ya era empresario. Ante la posibilidad de que la
pareja pudiera casarse en seguida (él ya tenía sus negocios), el padre de Isabel prefirió que se fuera una temporada a la
casa de sus tíos que vivían en España.
(Continúa en la siguiente página)
16.04.2008 - 22:40h - marY dijo:
21.04.2008 - 18:56h - Julio dijo: