Estrés y vida sexual ¿Cómo nos afecta?

Vivimos en una sociedad cada vez más estresada. Los ritmos frenéticos de trabajo, la necesidad de sobresalir, para lograr unos objetivos y la actual crisis que vive el mundo principalmente el sur de Europa, está haciendo de nosotros, hombres y mujeres con un alto nivel de estrés.

A pesar de que hoy en día se confunde con una patología, el estrés es una reacción fisiológica natural y necesaria para la supervivencia, en la que entran en juego diferentes mecanismos de defensa para afrontar una situación que es percibida por el individuo como amenazante o de alta demanda.

El problema se nos plantea, cuando esta respuesta se da en exceso, ya que esa sobrecarga de tensión, repercute seriamente en el ser humano, propiciando la aparición de patologías que impiden el desarrollo normal del individuo.

La salud sexual es la primera en resentirse ante el estrés cotidiano, el cuerpo está alerta por otras razones y reserva la energía para ellas, por lo tanto el sistema digestivo y el sexual inhiben su funcionamiento y  la necesidad sexual desaparece, siendo el lívido la primera afectada.

La falta de deseo sexual, empezó siendo un problema que afectaba principalmente a mujeres, que poco a poco veían como sus ganas de intimar con sus parejas, se iban reduciendo, sumiéndolas a ellas por lo tanto en una búsqueda constante del deseo, que no hacía más que empeorar su situación. La llamada al deseo hace imposible su aparición, es un proceso semejante al sueño, si no eres capaz de dormirte, cuanto más lo intentes peor. Lo que genera que muchas de ellas lo hagan sin ganas y por lo tanto sin excitación. Es ahí donde aparecen problemas como los dolores en la penetración que pueden degenerar en un vaginismo o incapacidad de ser penetradas.

Hoy en día el estrés que nos provoca el ritmo de vida, ha hecho que cada vez más hombres vean afectado su deseo, generando en ellos, problemas añadidos, como la disfunción eréctil, incapacidad de conseguir una erección apta para la penetración, o la imposibilidad de mantenerla.

Estos problemas de índole sexual, desencadenarán otros problemas en el individuo relacionados con el miedo y la autoestima, sin olvidar el efecto que causan en las parejas de ellos, ya que cuando mi pareja tiene inhibido el deseo sexual, soy  poco capaz de ver como todo su deseo se ve afectado, lo único que percibo es que no me desea y por lo tanto no me quiere (planteamiento erróneo). Además si no me desea, no planteamos la posibilidad de que la incapacidad de desear esté en él o ella, enseguida pensaremos, que somos nosotros los incapaces de de despertar el deseo en le otro.

Por todos estos motivos, recomiendo encarecidamente, que se busque ayuda profesional cuanto antes, por que los problemas de índole sexual, son tan devastadores para los individuos y de tan difícil comprensión por parte de ambos miembros, que deterioran mucho las parejas, tanto, que en ocasiones, se vuelve irrecuperable, ya que las frustraciones que se pueden llegar a desarrollar a raíz de las interpretaciones que se hacen de los problemas (¿será que no me quiere? ¿Será que no lo amo?), los lleva a hacerse mucho daño.

La activación del organismo, es una reacción que busca generar una respuesta rápida, intensa, pero limitada en el tiempo. Si se prolonga demasiado, pasamos a hablar de estrés crónico,  reacciones normales ante acontecimientos vitales, pero mantenidos de manera prolongada o crónica, se toman en cuenta como trastorno, ya que impide a la persona desarrollar su vida con normalidad y puede llegar a afectar mucho a la salud afectando principalmente al aparato inmunitario y al cardiovascular.

Imagen: Sisley

Irene Liñares es licenciada en Psicología Clínica por la Universidad de Santiago, y experta en Sexología. Tiene una amplia experiencia como educadora y asesora sexual. Actualmente dirige la clínica Ishtar de Psicología Sexual y de Pareja

Autor: Irene Linares

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