Temporada de calçots: descubrimos su origen y propiedades

Nos encontramos en plena temporada de calçots, ¿pero qué son y de donde provienen? El calçot, uno de los platos típicos de la cocina catalana, es una cebolla blanca de forma alargada, y precisamente se llama así por eso, porque al cultivarla, para alargarla se ‘calza’ (calça en catalán) con más tierra, que se añade a la base y provoca que la cebolla tenga que estirarse en busca de la luz. Este mismo proceso se repite en dos o tres ocasiones durante su cultivo, hasta que se consigue que haya una parte blanca que sea lo suficientemente larga, entre 15 y 25 centímetros.

Su origen es una incógnita, ya que aunque la mayoría de personas cree que está en Valls (Tarragona), donde a finales del siglo XIX un agricultor quemó unas cebollas viejas en el fuego, las peló y la probó,  hace poco se ha descubierto una pintura en Hungría que podría dar validez a una teoría según la cuál en el Imperio Romano ya se consumían, y también existe una tercera teoría que sitúa el origen del calçot en Oriente Medio.

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La manera de cocinarlos es asarlos con sarmientos, y cuando están hechos se envuelven en papel de periódico hasta su consumo, cuando se presentan con una teja junto a una salsa, que popularmente se llama salsa romesco. ¡Están buenísimos! Ir de calçotada es un buen plan para quedar con amigos el fin de semana, así que aprovechad.

Por último, haremos referencia a las propiedades nutritivas de estas cebollas especiales. Los calçots, de la misma manera que las cebollas, son ricos en vitaminas, A, B, C y E, y en minerales y oligoelementos como magnesio, calcio, cloro, cobalto, cobre, hierro, fósforo, yodo, níquel, potasio, silicio, cinc, azufre y bromo. ¡Así que no perdáis la oportunidad de probar este alimento tan rico en propiedades!

Imágenes: masdeserra.com y tarongesnostres.cat

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