Lo imprescindible para empezar el año de forma positiva

El año llega a su fin y es un buen momento para echar la vista atrás y hacer una recopilación de los acontecimientos que hemos vivido, proyectos, gente que ha entrado en nuestra vida y todo tipo de situaciones agradables y desagradables.

Nuestra memoria rápidamente accederá a todo tipo de información y la ordenará en función de la relevancia, para que podamos responder a las preguntas: ¿Cómo ha sido tu año?¿Qué valoración haces de él? Parecen preguntas triviales, pero son más importantes de lo que en un principio puede parecernos, porque en función de dicha valoración nuestro estado de ánimo y nuestra autoestima pueden cambiar de manera radical.

Vamos a prestar especial atención a los errores que cometemos cuando hacemos este tipo de valoraciones que se ponen de manifiesto cuando evaluamos situaciones del pasado y cómo podemos aprender a hacerlo de manera más positiva:

  • Enfocarte en la situación: cuando pensamos en lo que ha sucedido a lo largo del año aparecen múltiples situaciones, episodios concretos que pueden ser positivos o negativos. Un nuevo trabajo, un despido, una pérdida, proyectos que se quedaron por el camino…En principio esto no debería afectar a nuestro autoconcepto, son situaciones que tienen múltiples causas y no debemos asumir la responsabilidad por completo. Lo que sí podemos hacer es valorar cuál ha sido nuestro papel en dichas situaciones. Es decir, poner el foco en nosotros en lugar de en la situación ¿Cómo lo hemos afrontado?¿Qué hemos hecho para cambiar la situación?¿Nos hemos hundido o hemos salido a flote? Al responder a esas preguntas tendremos una información mucho más valiosa que nos puede ayudar a prevenir y modificar situaciones parecidas futuras.
  • Recordar sólo situaciones negativas: si queremos hacer una buena evaluación no podemos centrarnos únicamente en vivencias desagradables. Hay personas que tienden a recordar más situaciones negativas, se convierten en auténticos expertos y siempre sentirán que ha sido un año horrible porque “sólo me han pasado cosas malas”. Aunque les des mayor peso, tienes que hacer el esfuerzo de recordar también momentos en los que has sido feliz y darles la importancia que se merecen.

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  • Culpabilizarnos por malas decisiones: un error muy frecuente es evaluar los acontecimientos pasados con información que hemos sabido a posteriori. Es posible que hayamos cometido errores, pero lo justo sería evaluar nuestro comportamiento con lo que sabíamos cuando sucedió. Por ejemplo, si hemos dejado un trabajo por otro que al final resultó mal, y nos centramos en “no debía haberlo cogido”. Es muy fácil caer en este fallo y notar como poco a poco la culpa se va apoderando de nosotros, sin embargo, en ese momento algo nos llevó a asumir ese cambio, las ganas de mejorar, la valentía, la impulsividad… ¡Qué bien nos sentiríamos su hubiera funcionado! Utilicemos la información que ahora sabemos para decisiones futuras, no para las pasadas. Cambiemos el “debí haber hecho” por “la próxima vez haré”. Así dejaremos de culparnos y transformaremos una mala decisión en un buen aprendizaje.
  • No animarnos como nos merecemos: si hay algo que podemos aprender es que las personas funcionamos mejor cuando nuestro estado de ánimo es positivo, por eso debemos aprovechar cualquier ocasiones para felicitarnos por nuestro comportamiento. Un buen ejercicio es elaborar un listado de situaciones en las que “este año me he sentido orgulloso”. Esta evaluación será muy positiva para nuestro autoconcepto, nos hará tener razones por las que alegrarnos y nos dará seguridad personal.
  • Juicios implacables: a veces somos demasiado estrictos y si sobrepasamos el límite no habrá nada por lo que sentirnos bien. Buscaremos “la mejor manera de actuar” y todo lo que esté por debajo lo valoraremos de manera negativa. Seguramente todo lo que hemos hecho podríamos haberlo hecho mejor pero el coste es excesivo. Pensemos por el contrario en aquello que nos ha hecho sentir bien durante el año sin necesidad de que haya sido ideal.

Evitando estos errores encontraremos muchas razones por las que podemos sentirnos satisfechos, y los beneficios del año estarán ligados a nuestro esfuerzo por lograrlos.

El peor de los casos es aquél en el que no encontramos nada por lo que sentirnos bien, pero una vez más, en lugar de torturarnos podemos utilizarlo para empezar a trabajar en nuestro cambio personal que nos acerque más a nuestros objetivos y nos dote de las actitudes y aprendizajes necesarios para que el próximo año tengamos motivos para hacer una autoevaluación diferente. Recordad que pequeños cambios personales conllevan grandes cambios en nuestro entorno, ¡así que ¡siempre podremos hacer algo para mejorar las situaciones!

Raúl Gutiérrez

Raúl Gutiérrez es psicólogo y autor del libro Autoestima, habilidades sociales y asertividad.

 

 

 

Imágenes: imagenesyfondos/hola

Autor: Raúl Gutiérrez

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