Ignacio García-Valiño: ‘Si a un niño no lo educan en casa, no lo educa ni Dios’

Ignacio es psicólogo zaragozano y ha trabajado con niños y adolescentes en centros educativos de Huesca, Madrid y Málaga.

Este año ha recogido el Premio Novela Ciudad de Torrevieja como finalista por su novela “Querido Caín”. Como él mismo define “es una novela de intriga psicológica”. Nicolás, es un niño bien que vive en La Moraleja rodeado de lujos, pero por algún motivo se convierte en un niño maquiavélico, malo, violento… Sus padres, Coral y Carlos, acudirán a un psicólogo, Julio, que se verá arrastrado por Nico y le hará entrar en su juego.

Cuando recibiste el premio en Torrevieja comentaste que tus experiencias durante la infancia te habían influido en esta novela…
Para crear el personaje de Nico me basé en el recuerdo de un niño del colegio terriblemente cruel y sádico, líder de una pandilla. Su juego consistía en machacarme y como yo me revelaba daba pie para acabar dándome una paliza. El chaval tenía una doble cara, por un lado de angelito, estudioso, aplicado, de niño bueno y cuando nadie le estaba vigilando me empezaba a picar, a humillar… esto duró años, hasta que me cambié de colegio.

Estos niños tan crueles como Nicolás o tu compañero de clase… ¿nacen o se hacen?
Creo que los fenómenos violentos responden a un cambio social y cultural donde los niños ven cada vez más violencia en la tele, los padres educan menos y el modo educativo ha cambiado. Se ha disuelto la responsabilidad y ha ido desapareciendo la autoridad.

¿Gavroche, al que nombras en la novela, sería el ejemplo opuesto a Nicolás?
Sí, es un niño que ha crecido sin padre y la picaresca es su modo de supervivencia. Es uno de los personajes más bonitos de “Los Miserables”. Este niño ayuda a los demás, a los huérfanos, a los que quiere y se busca la vida. Él no tiene moral, colabora con los bandidos, con el hampa, pero tiene un corazón de oro. El mensaje de “Los Miserables” es que los niños cuando son buenos por naturaleza no los cambia ni la sociedad ni la marginación. Esta es una visión muy determinista.

¿Y tú la compartes?
No la comparto al 100% pero tampoco se puede ser ambientalista 100% y decir los niños de la marginación van a ser todos delincuentes… no, porque cuando hay un niño delincuente detrás hay una familia rota o una pandilla en la calle o algo que está funcionando mal. Aunque, por otro lado, me he encontrado niños de familias ricas y ambientes muy controlados, en clubes, colegios privados donde les han enseñado religión… y son absolutamente cafres y no es nada fácil encontrar al culpable de eso. Pero ¿y si no hay culpables? ¿y si se ha hecho todo lo que se ha podido pero este niño ha sacado la vena sádica?

¿Entonces hay un pequeño factor genético?
Llámalo como quieras. Son niños que empiezan a jugar con llevar la contraria, sacar de quicio cada vez más y van llegando más lejos…

De hecho hay algunos que acaban provocando peleas en el colegio y grabándolas con el móvil…
Es un problema que va ligado a la cultura del espectáculo, la televisión, Gran Hermano… Para los niños el afán de protagonismo es muy importante y tener una grabación e incluso mandarla es un elemento nuevo y que les atrae. La violencia es espectáculo. Esto ha sido siempre así.

Sí. Lo comentas en tu libro refiriéndote al París del siglo XVIII…
Cuando estaban guillotinando a los reos en la Francia revolucionaria ¿no habría niños allí disfrutando de ver rodar cabezas? Desde luego había muchísimo público que pedía las cabezas. En las crónicas de la época se cuenta que allí había tal furor sexual, de orgía, de sangre… Me pregunto si habría niños que participaran de eso. Podemos pensar que un niño nunca disfrutaría de algo así porque gozar con algo que nos tendría que dar repugnancia implica que la mente esté desnaturalizada…

Sí, pero hay niños como Nico que disfrutan con el mal ¿Cómo saben los padres que están educando bien a sus hijos?
Si un niño está fuera de control es que están fallando los padres. Un niño puede tender a infringir las normas, a engañar… pero el adulto tiene que ser más listo. Los padres tienen que darse cuenta de esto y si no pasan el suficiente tiempo con su hijo no lo van a hacer. Con los hijos hay que estar al día.

¿Y si los niños son más inteligentes que los padres?
No es cuestión de inteligencia sino de quién maneja a quién. Si un niño te maneja es que tienes que revisar tus métodos, porque tienes que ser la autoridad para tu hijo. Y tienes que saber con que palabras, gestos o incluso amenazas de castigo el niño responde a los límites que tú marcas. Si unos padres no consiguen frenar a su hijo, están fallando los padres. Dejarlo pasar pensando que lo arreglaran en el colegio es un error. Si a un niño no lo educan en casa, no lo educa ni Dios.

¿Es un buen invento la Supernany? Que más que educar a los hijos educa a los padres…
Es muy instructivo y necesario. Hay una demanda de formación por parte de los padres. Tienen muchas preguntas en la cabeza y necesitan más orientación y más ahora, que la educación de los niños es más difícil porque tienen más información y eso les da ideas. Se las saben todas. Ya no vale educar diciendo: “Como no hagas esto te doy… una colleja y te mando a tu cuarto”. Hay que estar al pie del cañón porque los niños avanzan muy deprisa.

Los padres de los niños agresivos son los que menos se dan por aludidos cuando hay algún problema en la escuela…
Claro. Porque ellos ya viven el problema y no saben cómo actuar. A ellos no les coge de nuevo. Cuando un niño es el que agrede a los demás, el que pega y el que empuja, los padres ya lo saben porque lo han visto en casa o en el parque y si no han actuado es que hay un tema de fondo en la familia.

Cada vez más niños y adultos recurren al psicólogo. Pero ¿aún hay gente que lo considera de locos?
Bueno la concepción de “loquero” es muy española. Son prejuicios y desconocimiento. En países como Alemania muchísima gente va al psicólogo porque no hay comunicación entre las personas y la gente está dispuesta a pagar para desahogarse. Aquí vivimos en la cultura de las relaciones interpersonales, tenemos muchos vínculos familiares, de amigos, nos contamos los problemas… esto es muy sano. Pero es un error pensar que va a solucionar problemas más profundos.

Julio, el psicólogo de tu novela, que intenta resolver los problemas de Nico y su familia no puede resolver sus conflictos internos, ama a una mujer casada…
El psicólogo es humano y este niño lo pone en una tesitura muy difícil. El niño quiere acercarlo a su madre y el psicólogo se da cuenta, pero se deja arrastrar porque quiere acercarse a ella. El psicólogo hace de educador moral pero también tiene unos intereses egoístas. Entonces vemos que no es sólo un libro sobre la maldad infantil sino que también habla sobre nuestra hipocresía, la moral.

El final de Julio, el psicólogo, y Nico, su paciente, te espera entre las páginas de “Querido Caín”.

Autor: Regina Cruz

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