Desórdenes alimenticios: comer con las emociones

El tema de los desórdenes alimenticios es muy amplio. Es tratado como un problema de índole psicológica más que física. En su aparición influyen muchos factores sociales, familiares, psicológicos e incluso genéticos. En este artículo no se pretende dar una visión detallada, pues cada caso es un mundo, pero sí hablar de los más comúnes y de cómo evitarlos o paliarlos al menos.

Los desórdenes alimenticios más comúnes son la anorexia y la bulimia. En los últimos años se han sumado otros como la vigorexia -obsesión por estar musculado-, permarexia -obsesión por estar a dieta de forma permanente-, o el desorden del comedor compulsivo, que es de los más comunes en EE.UU.

Todos ellos tienen en común que la persona que los desarrolla deja que la comida controle toda su vida. Normalmente son personas con problemas emocionales con los que no saben lidiar y vuelcan su interés y sus frustraciones en una obsesión por la comida, ya sea ingiriendo grandes cantidades, purgándose o evitándola a cualquier precio.

Aunque hay múltiples factores que influyen en su desarrollo y cada caso es particular, sí existen ciertas variables comunes a muchas personas que desarrollan estos desórdenes como personalidad introvertida, autocontrol, ansiedad, haber sufrido un pasado con sobrepeso, poca aceptación social, un hogar con conflictos, etc.

Toda esta información es fácilmente accesible en la red, por lo que cualquiera puede llegar a conocer los síntomas. Sin embargo, lo que importa es llamar la atención sobre los mitos que se crean en torno a estas enfermedades. No es un problema físico, es emocional, por lo que siempre se va a necesitar apoyo psicológico constante. Quien ha sufrido un desorden es susceptible de caer en él de nuevo en cualquier momento, por cualquier comentario, pues es algo parecido a una adicción. Y sobre todo, tiene que haber un apoyo desde la familia, ya que suele ser un factor muy importante en su detección y solución.

Las modas y cómo las tratan los medios ha hecho que muchos padres no se percaten de que sus hijos comienzan a tener malos hábitos alimenticios. El evitarlo pasa por enseñarles a llevar una alimentación equilibrada desde pequeños, con algo de ejercicio físico, dejarles que se relacionen socialmente con otros niños y crezcan como personas, madurando, y sin reprimir sus emociones. Hay que comunicarse con ellos siempre. Cuando ya son adolescentes, sobre todo las chicas, tienen riesgo de desarrollarlos si comienzan a saltarse comidas, a obsesionarse con estar delgadas. Si hay un problema de sobrepeso, lo mejor que los padres pueden hacer es acudir a un médico especializado que cree una dieta controlada para alguien que, no lo olvidemos, aún está en crecimiento.

En este artículo solo hay una pequeña reseña de un mundo cada vez más grande. Nunca hay que dramatizar los hechos pero tampoco ignorarlos. El apoyo de amigos y familia siempre es la clave para salir. Si se quiere más información se puede acudir a páginas como la web de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda y Lucha contra la Anorexia y la Bulimia nerviosas en donde hay un directorio con asociaciones de toda España. Para los comedores compulsivos está la web de Comedores Compulsivos donde también hay un directorio con sitios en los que se realizan reuniones de comedores compulsivos anónimos.

Autor: Susana Garcia

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