Deporte extremo y mujer : ¿Dónde está el límite?

La sociedad de hoy todavía sigue siendo en muchos aspectos ‘un mundo de hombres’. Sucede lo mismo en el deporte, donde las mujeres atletas continúan enfrentándose todavía a una gran cantidad de estereotipos de género. Pese a ello muchas jóvenes -cada vez más- se animan a participar en deportes que tradicionalmente eran más practicados por hombres, como el surf, el snowboard, carreras de motocross, ultratrails, maratones, etc.

La práctica de deportes extremos se ha convertido en una nueva moda que entretiene, resulta atractiva y, fundamentalmente, eleva la adrenalina. Son aquéllos que, en general, ofrecen un elevado grado de peligro y riesgo.

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Definir el concepto de deporte extremo no siempre es fácil. Julie Tullis perdió la vida escalando el K2 junto a Kurt Diemberger, pero otros deportes de riesgo no son considerados “extremos”. Bethany Hamilton perdió un brazo por el ataque de un tiburón blanco a los 13 años pero fue campeona de surf, pese a ello, años más tarde. Otros deportes extremos podrían ser el paracaidismo, salto BASE, bucear por cuevas, ala delta, kitesurf, motocross, escalada o kayak por aguas rápidas, pero hay muchos otros.

Las mujeres están cada vez más presentes en estas actividades deportivas extremas, tanto a nivel amateur como profesional, con todas las exigencias físicas y mentales que ello supone. Sin embargo, puede tener sus consecuencias. Entre ellas destacan las lesiones por accidentes deportivos y las consecuencias sobre su organismo.

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Lesiones por deportes extremos

Según un estudio liderado presentado en 2014 en la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos -AAOS, sus siglas en inglés- , más de cuatro millones de lesiones en un período de 11 años, entre 2000 y 2011, se atribuyeron a la práctica de deportes extremos -datos recogidos por el Sistema Nacional de Vigilancia Electrónica de Lesiones-.

Un estudio pionero en este campo realizado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan, documentó que se producían más de 40.000 lesiones anuales entre los participantes en siete deportes extremos, incluyendo patinaje con tabla, snowboard, ciclismo de montaña y motocross. El 83% fueron heridas en la cabeza y lesiones en el cuello – 17%, con un 2,5% descritas como graves, con potencial discapacidad de por vida o incluso fallecimiento-. Aunque el estudio no diferenciaba entre sexos la incorporación de la mujer a estas actividades hace que estos riesgos estén presentes.

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Los límites del cuerpo. Resistencia, genética, metabolismo

Lo que sí sabemos es que la genética puede jugar en contra del sexo femenino, elevando el riesgo de algunas lesiones que son más frecuentes en ellas que en ellos, como la conocida mayor predisposición de sufrir lesiones ligamentosas de rodilla en la mujer, debido a su menor masa muscular y mayor laxitud articular.

En los últimos años se ha descrito una mayor incidencia de una lesión conocida como ‘la triada de la mujer deportista’ que se compone de una serie de trastornos de la alimentación con pérdida progresiva de peso, hormonales – con exceso de producción de cortisol y prolactina-  y de calidad del hueso. Se podría añadir el estrés psicológico de la competición a estas tres alteraciones.

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Entre las gimnastas profesionales hasta un 60% presentan un trastorno alimentario, de mayor o menor gravedad, desde la bulimia a la anorexia o desde el uso de laxantes o diuréticos para perder peso hasta los entrenamientos en ayunas. Estos trastornos también ocurren entre las corredoras y esquiadoras – con un 30% aproximado en cada disciplina-  y en el 20% de las nadadoras o ciclistas profesionales.

Junto a las alteraciones del peso, con pérdida progresiva en la mayoría de los casos, pero ocasionalmente brusca, se producen déficits nutricionales, que impedirán el deseado rendimiento deportivo, pero también alteraciones hormonales y psicológicas.

 La atleta puede caer en un cuadro de exceso de entrenamiento, con irritabilidad, debilidad, insomnio; cada vez obtiene peores resultados y, para compensar, acentúa estas conductas.

Los déficits de grasas, vitaminas, calcio y los descensos de algunos niveles hormonales pueden provocar un cuadro secundario de osteoporosis y alteraciones en el ciclo menstrual, que pueden llegar a la amenorrea, la ausencia de periodos. Es como una menopausia en una atleta de 20, 25 o 35 años. En este caso el estrés psicológico por la competición o por los malos resultados puede empeorar el problema.

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De forma global la amenorrea se presenta en 5% del total de mujeres, sin importar su profesión o actividad cotidiana, pero puede llegar al 20% de las deportistas, siendo las corredoras las más afectadas.

Otras disciplinas en las que es común la amenorrea son la natación, ciclismo, patinaje artístico, gimnasia rítmica o las bailarinas profesionales.

Con la pérdida de peso y de los balances de grasa se produce una caída en los niveles de estrógenos y, secundariamente, de calcio y vitamina D, lo que afectará a la calidad del hueso. Si la mujer llega a tener osteoporosis estará en riesgo de tener fracturas, como las pacientes mayores de 65 años. En este caso serán fracturas de estrés, favorecidas por la osteopenia o por osteoporosis franca.

Embarazo y deporte

Las ventajas del deporte suave o moderado durante la gestación son conocidas y están probadas científicamente. Sin embargo los deportes extremos o de contacto han de evitarse durante el embarazo.El aumento de la laxitud articular existente en la gestación condiciona un mayor riesgo de lesiones musculoesqueléticas como, por ejemplo, el esguince de tobillo. La recomendación es aún más firme en casos con enfermedades pulmonares, embarazo múltiple o con riesgo de parto prematuro, que tienen placenta previa o preeclampsia, por citar algunos ejemplos.

Para prevenir estos problemas lo primero es la información, pues no son exclusivos de atletas de élite que tienen más apoyo profesional, también aparecen en otras atletas aficionadas.

Acudir al médico es el primer paso hacia la curación. Una vez detectado hay que realizar todos los aportes necesarios de proteínas, vitaminas, calcio, grasas, para que las pacientes se recuperen de esas deficiencias. El apoyo psicológico puede ser tan importante como la ayuda por el endocrino, el ginecólogo o el nutricionista.

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Manuel Villanueva. Primer traumatólogo español premiado por la American Academy of Orthopadic Surgeons (AAOS). Director médico del Instituto Avanfi y presidente de la Asociación Española de Cirugía Ecoguiada (AECE) Álvaro Iborra. Director de Fisioterapia, Osteopatía y Podología de Avanfi. Vicepresidente de AECE.

Imágenes: Pinterest

 

 

 

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