Dieta Cetogénica: todo lo que debes saber

Aunque parezca mentira, reducir la ingesta de hidratos y aumentar el consumo de grasas puede ser un método eficaz para perder peso. Siguiendo esta regla surge la dieta cetogénica, te contamos en qué consiste y por qué es tan efectiva.

Existe un prejuicio muy arraigado sobre las grasas. Es cierto que contienen un gran aporte calórico (9 kcal/g), por eso se eliminaron inmediatamente de la gran mayoría de dietas para perder peso. Pero es un grave error que ha llevado a muchas personas a conseguir lo contrario, engordar. Además, el déficit de grasas puede llevar a padecer problemas de salud ya que son fundamentales para muchos procesos fisiológicos.

La dieta cetogénica consiste en generar de forma provocada una situación que surge de manera fisiológica en algunas situaciones como el ayuno. En ausencia de azúcar en sangre -hidratos de carbono-, la energía del cuerpo empieza a provenir de la descomposición de la grasa almacenada en unas moléculas llamadas cuerpos cetónicos, este proceso se llama cetosis. La cetosis se alcanza estando entre dos y cuatro días comiendo entre 20 y 50 g de carbohidratos al día.

¿Tiene efectos adversos? La dieta cetogénica no solo reduce el aporte de hidratos de carbono en favor de las grasas, también aumenta el aporte de proteínas. Si lo que se consume son carnes procesadas y quesos este aumento puede causar un elevado consumo de grasas saturadas. Es mejor tomar proteínas en forma de pescado azul, legumbres, frutos secos y fuentes de origen vegetal.

La posibilidad que pueda aumentar el colesterol es otro de los puntos que señalan los críticos de la dieta cetogénica, esto puede ocurrir debido al elevado consumo de proteínas animales. Además, la cetosis puede causar cansancio, mal aliento, náuseas, vómitos, estreñimiento y problemas de sueño. Para evitar todas las consecuencias negativas es indispensable el control por un médico que conocerá y adaptará las dietas a cada paciente.

¿Cuánto tiempo se puede mantener una dieta cetogénica? No existe un tiempo predeterminado, depende de cada persona: cómo reacciona su organismo, su estado de salud, su seguimiento clínico y analítico… Son premisas que determina el especialista.

La clave está en la calidad de las grasas que ingerimos. El primer paso debe ser sustituir las grasas saturadas como el fast food y la bollería industrial, por grasas saludables que a pesar de ser calóricas, son muy saciantes y contienen un alto valor nutricional, como el aceite de oliva, el aguacate y los frutos secos.

Imágenes: El Observador, Mood food culinary.

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