Someterte a una rinoplastia, ¿si o no?

‘Doctor, operarme la nariz’. Cuando una paciente realiza esta petición al entrar en mi despacho, le pregunto inmediatamente si tiene prisa o algún asunto que solucionar a continuación. Más que nada porque soy consciente que la consulta se va a alargar más de lo habitual.

Me explico: la rinoplastia es una de las intervenciones estéticas más delicadas y con la que más información y más seguros debemos entrar a un quirófano.

‘En los pocos centímetros cuadrados de un rostro, un hombre encuentra sitio para los rasgos de todos sus antepasados, para las expresiones de toda su vida y para sus deseos’. Voy a utilizar esta cita de Ralph Waldo Emerson, un escritor y filósofo norteamericano, para que veáis la importancia de la modificación de un elemento principal de nuestra cara, como es la nariz. Un pequeño retoque modifica la apariencia y el perfil.

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Un retoque en la nariz nos cambia ante el espejo. Por lo tanto, en mi opinión, la rinoplastia no debe realizarse para mejorar una apariencia física que ya es agradable, sino en supuestos muy concretos. Me refiero a los funcionales, aquellos que requieren intervención debido a un traumatismo por accidente o a problemas respiratorios, como las vegetaciones o la sinusitis.

También, por supuesto, en casos de pacientes que viven acomplejados por tener una nariz excesivamente grande o de forma aguileña, muy respingona o ganchuda, por decirlo coloquialmente.

Siempre, en estos casos, la cirugía es un aliado de las personas, que se pone a su disposición para que puedan comenzar una nueva vida social y sentimentalmente más rica, libre de complejos.

Ahora bien, mi recomendación es que si os encontráis descontentos con vuestro rostro, desconfiéis de todo cirujano o supuesto profesional de la estética que os asegure que este procedimiento es sencillo y que el resultado que vais a obtener es el deseado. Resulta habitual que la persona que se ha operado la nariz vuelva a por el segundo o incluso tercer procedimiento para corregir lo que no nos ha gustado del primero. No es agradable para nadie tener que pasar hasta dos y veces por el quirófano por un asunto de carácter estético. 

Tampoco soy partidario – y es práctica común- de mostrar mediante procedimientos informáticos, cómo quedaría el rostro del paciente tras la operación. Los programas informáticos no son células vivas. Y no olvidemos que la piel de la nariz debe adaptarse a su nueva estructura osteocartilaginosa.

Te informo también de que este procedimiento se realiza mediante anestesia general y que el postoperatorio de baja completa es de una semana. Las cicatrices son internas, pero es la cirugía que más tarda en estabilizarse, un año frente a los seis meses de otras.

Si tu eres de las personas que sólo desea un pequeño retoque, te recomiendo la rinomodelación. Mediante esta técnica se pueden modificar los ángulos de relación de la nariz con la frente y con el labio, además del dorso nasal. A su vez, se puede trabajar el mentón para que su relación sea más armoniosa con la nariz. Todo se realiza mediante autoinjertos de grasa del propio paciente. Pero, aunque sea una técnica más sencilla,  no por ello requiere un menor estudio. Todo con el debido rigor y la mayor información al paciente.

Moisés Martín Anaya

Moisés Martín Anaya es cirujano plástico y estético. Licenciado y Doctor Cum Laude por la Universidad de Salamanca, dirige la Clínica Moisés Martín Anaya y ejerce como especialista en el Hospital Virgen de la Paloma, en Madrid.

 

 

Imágenes: Corbis/ Pinterest

 

 

Autor: Moisés Martín Anaya

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