Piel alérgica o sensible, ¿tienen alguna diferencia?

No debemos confundirnos cada vez que hablemos de piel alérgica o sensible. Aunque en muchas ocasiones presentan síntomas muy similares, son dos términos diferentes.

Piel alérgica

Una alergia es una reacción inmunitaria provocada por un alergeno, una sustancia que produce una reacción de sensibilidad extrema. Cuando la sustancia extraña entra en contacto con la piel, el sistema de defensa forma anticuerpos, que van a producir una reacción y características en la piel como:

  • Enrojecimiento fuerte y doloroso.
  • Ronchas, ampollas palpables.
  • Los síntomas se muestran después de varias horas, o hasta un día después de la exposición de la piel a sustancias sospechosas.
  • La reacción se agrava, en el segundo y tercer día.
  • El enrojecimiento se extiende más allá de la zona expuesta.

Piel sensible

Son pieles que tienen una respuesta exacerbada frente a productos, o situaciones bien toleradas por las pieles normales. Posee glándulas sebáceas débiles, de forma reducida o irregular, la capa hidrolipídica protectora se vuelve inestable. Por lo tanto, esta piel es importante protegerla de acciones externas, reforzándola desde el interior. Para ese cuidado es recomendable utilizar productos con ingredientes puros. Teniendo en cuenta que son orgánicos, 100% naturales, sin sustancias artificiales, sin aditivos, ni químicos. Tiene las siguientes características:

  • Reacciona de manera inmediata con picazón, en rojo lento, o quemazón con determinado cosmético desde el primer contacto.
  • Reacción al viento, al sol, y a los cambios rápidos de temperatura.
  • Se irrita fácilmente, se inflama.

Recomendaciones para la piel alérgica o sensible

Primero consulta a tu dermatólogo: para que identifique tu tipo de piel y te dé los consejos de cuidado apropiados. Debe descartar que sea rosácea, dermatitis seborreica, la que esté originando la hipersensibilidad de la piel, y que tenga que tomar medidas específicas.
Cuidados diarios: Cuidarte de la exposición al frío, los exfoliantes irritantes, los cosméticos agresivos, cremas no aptas para tu piel. Cuidarse de los efectos perjudiciales del sol, que aumentan su sensibilidad, aplicando siempre un buen protector solar.


Higiene: Utilizar productos suaves y naturales, no utilizar demasiados productos a la vez. Lavar la cara con un producto de limpieza de alta tolerancia, no agresivo. Que no contenga perfumes, conservantes, químicos, parabenos. Al secar la cara hazlo de manera cuidadosa, sin frotar.

Es importante cuidar la piel del rostro para evitar  la resequedad, falta de vitalidad y envejecimiento prematuro.

Imágenes: Belleza facilísimo , mspharmacy, ABC de Sevilla.

Autor: Virginia Bruno

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