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A los más pequeñines sus papis y sus mamis les cantan canciones de cuna para que se tranquilicen, apaguen sus lloros y se duerman plácidamente ¿Qué cambia con la edad? Nada.
La musicoterapia ha nacido como una técnica de tratamiento complementario que puede aliviar dolores y, sobre todo, incidir en la psique de los pacientes. Los máximos beneficios terapéuticos de la música se extraen cuando se conjuga con otras artes. La danza y la música son quizá las disciplinas más afines. Pero hay más. Prueba, por ejemplo, a conjugarla con la pintura. No hace falta que el resultado artístico sea digno de exponer en un museo ni que las coreografías que nazcan de tus movimientos sean propias de escenificarse en un teatro. Solo es preciso que tu cuerpo y tu mente recuperen su felicidad.
Las preferencias personales pueden determinar la orientación de las sesiones de musicoterapia. Si no puedes soportar la música dance, evidentemente no te levantará el ánimo y si no toleras la clásica, no lograrás relajar los nervios con Mozart. No obstante, existen unas premisas básicas que hacen unas melodías más apropiadas para la serenidad y otras más propicias para la acción. Abre la mente y los oídos y prepárate para disfrutar.
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