Esteticohólicos: adictas a la cirugía, cada vez más y más jóvenes

Como profesional de la cirugía estética que ama su trabajo, me gusta estar informado de todo aquello de cierta relevancia informativa que sucede en mi ámbito profesional. No sólo en España sino en todo el mundo. Así pues, cuando las obligaciones me lo permiten, suelo buscar noticias relacionadas con las últimas novedades en el terreno del I+D, el más científico, y también en la prensa generalista y las revistas femeninas.

Tengo que reconocer que este hábito a veces me da algún que otro ‘disgusto’ o, cuando menos, me produce una ligera sensación de malestar. Os lo explico: me encuentro con noticias que reflejan una imagen distorsionada de nuestra actividad. Por un lado y por el otro, observo a pacientes que en ocasiones, son víctimas de pseudo sanitarios sin escrúpulos.

No me extenderé mucho en el primero de los casos. No es la primera ocasión en la que os comento que la cirugía estética es una rama de la medicina que trata de ayudar a los pacientes a superar complejos, a sentirse más bellos y ser más felices. También a reparar graves defectos congénitos o provocados en accidentes. Lo demás es, como decís ahora los más jóvenes, ‘postureo’.

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Lo más preocupante es cuando en los medios de comunicación se denuncian casos de personas que han sido deformadas por malas prácticas en la cirugía estética. ¡Cuidado! Los médicos somos humanos, podemos cometer un error, pero al serlo, también debemos llevar implícitos unos valores y un código ético y deontológico.

Y quiero centrarme en este tema porque me gustaría advertiros del peligro de que los retoques estéticos se conviertan en una adicción. Voy a ser muy claro: esto sólo sucede cuando hay una mala praxis por fata de escrúpulos.

Sólo el cirujano, negándose a operar a una persona que padece esta enfermedad, y en cooperación con un especialista en salud mental, es capaz de ponerle fin a esta práctica que puede acabar destruyendo a las personas.

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Existe un baremo, ciertamente flexible para determinar cuando un paciente es un ‘esteticohólico’. Según establece la ASAP, Asociación Americana de Cirugía Plástica, un doctor puede sospechar cuando alguien de entre 20 y 30 años se ha sometido a un procedimiento quirúrgico relacionado con la belleza en más de seis ocasiones.

Como digo, la apreciación no deja de ser flexible y a estudiar en cada caso. Tampoco existe una normativa dentro del sector que regule cuando se debe rechazar a un posible paciente. Se apela a la ética del profesional y, hoy en día, cuando los límites entre la salud y el consumo se diluyen en según que empresas, resulta muy difícil controlar los abusos.

Lo cierto es que la adicción nace de dos situaciones que nada tienen que ver realmente con el aspecto físico de quien solicita un retoque. El primero es el llamado TDC -trastorno dismórfico corporal- que devuelve a quien se mira en el espejo una imagen distorsionada, que nada tiene que ver con la realidad, ni siquiera con la belleza o la fealdad.

Cuando el paciente que se sienta frente a ti en la consulta te solicita resultados imposibles y/o se niega a escuchar tus recomendaciones, deberían comenzar a saltar las señales de alarma.

El narcisismo extremo, con una preocupación excesiva por el aspecto exterior y la obsesión por mostrarse bello en público es otro síntoma de que quien te ha pedido cita ha elegido la consulta equivocada. Son problemas de personalidad, nunca de aspecto. Esa persona debe solicitar ayuda a un psicólogo o psiquiatra, según la gravedad de su patología.

Entrar una y otra vez en un quirófano entraña riesgos, pero sobre todo, sólo va a acrecentar la obsesión de esa persona por su físico. Creyendo que todo se resuelve con una anestesia y un corto postoperatorio, piensa que arregla su vida. Y no, muy al contrario, la va destruyendo poco a poco, por dentro. Y, casi siempre, también por fuera. Después de ver algunas fotografías de personas famosas, a las pruebas me remito.

Moisés Martín AnayaMoisés Martín Anaya es cirujano plástico y estético. Licenciado y Doctor Cum Laude por la Universidad de Salamanca, dirige la Clínica Moisés Martín Anaya y ejerce como especialista en el Hospital Virgen de la Paloma, en Madrid.

 

 

 

Imágenes: Corbis/Pinterest

Autor: Moisés Martín Anaya

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