A medida que se van haciendo mayores, por mucho que se parezcan físicamente son dos personas individuales, con sus gustos y preferencias que habrá que respetar y no comparar a uno con el otro, dándoles la libertad de decidir quién y cómo son.
A menudo, los hermanos gemelos crean entre ellos un lazo de unión en el cual excluyen a sus padres, incluso aprenden a comunicarse en un lenguaje propio que pueden ser balbuceos o palabras que solo entienden ellos. Esta complicidad puede ser muy hermosa e incluso tentar a dejar que se cuiden entre ellos dentro de unos límites, pero si no se le pone un límite no aprenderán a relacionarse con las personas de su entorno.
Que los padres realicen actividades con cada uno de sus hijos por separado ayudará a los niños a no depender de su hermano, al tiempo que les enseña a relacionarse con los adultos y otros niños.
Elegirán amigos diferentes, posiblemente tendrán éxitos distintos en sus estudios, en sus relaciones con los demás o no verán la vida de la misma manera. Los padres no deben esperar que actúen de igual forma, como no se debe hacer con cualquier hijo.
El hecho de vestirlos con ropa igual o comprar todo lo que necesitan por duplicado puede ser bueno en el sentido de que ninguno de los dos hermanos se sienta distinto al otro, pero desde el momento en el que puedan elegir, lo mejor será alentarlos a que cada uno decida qué es lo más le gusta.