¿A que edad pueden empezar a meditar los niños?

Los niños desarrollan su personalidad una vez cumplidos los 7 años. A partir de entonces tienen las pautas de comportamiento marcadas y su personalidad clara, por lo que se puede empezar a considerar que las decisiones que tomen nacen de un deseo propio -sin olvidar que son niños y han de crecer y cambiar creencias-.

Los niños que quieren empezar a meditar pueden hacerlo a partir de los seis y siete años siempre que los ejercicios se adapten a su edad. Conocerse de una manera más profunda, atender a nuestra respiración, a serenarnos y calmarnos e incluso a enfocar y concentrar la mente, es bueno a cualquier edad pero si se empieza desde bien pequeños es un privilegio.

Para los niños, la meditación tiene quizá otras ventajas que para los mayores, que normalmente acudimos a este tipo de ‘entrenamiento’ para serenar la mente y apaciguar emociones como el estrés, la ansiedad o los nervios. Un niño puede encontrar en la meditación la vía perfecta para centrarse en los estudios, mejorar la capacidad de concentración y atención y para ir desarrollando pautas saludables para el cuerpo  y el alma que agradecerán cuando crezcan. 

No existe una edad mala para la meditación, ni siquiera para los niños. Saber vivir cada momento con calma y paciencia es un reto. Si los pequeños crecen marcando buenas pautas en esa dirección, les supondrá una vida con una mente menos disgregada. Si sois unos padres cuyos niños están interesados en empezar a meditar -o simplemente les llama la atención veros-, iniciar les en este camino es una buena idea y hay algunas maneras de hacerlo, para que les suponga un juego y una diversión (no olvidemos que siguen siendo niños).

Lo que podéis hacer es comenzar a enseñarles ejercicios de ‘atención’, para que empiecen a ser conscientes de su cuerpo, su respiración, sus extremidades todo. La postura y la atención a las cosas cotidianas (como lavarnos los dientes o beber agua) son importantes de tener en cuenta porque en esa esencia, en la normalidad, se encuentra todo nuestro ser y de lo que nos olvidamos por costumbre. Al final, uno crece y lo que más valora cuando las cosas se complican es la normalidad, tomar conciencia de todo es un paso hacia el respeto por lo que somos y hacemos.

Otro juego de ‘meditación’ para niños sería hacerles simular que están escalando, subiendo una cuerda, tirando una jabalina, etc., todo con movimientos lentos, pausados y sin prisa. Si les enseñáis y os sumáis a su meditación, creceréis de una manera unida, sana y consciente.

Imágenes: mia.es, blog.metodosilvadevida.com

Autor: Elena Cano

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