Consejos caseros para una madre primeriza

Bueno, tu bebé ha nacido. Atrás quedan nueve meses de incertidumbres, miedos, ilusiones, esperanzas y deseos. Por fin está aquí y ¿qué hacer ahora, para hacerlo bien? ¿Cómo saber lo que le conviene para su bienestar en cada momento? ¿A quién escuchar para aprender a ser buena madre?

Lo cierto es que no hay un manual de ‘madre primeriza’ perfecto para evitar equivocarte en algunas cosas. Pero, si de algo te vale la voz de la experiencia, voy a decirte lo que aprendí como madre veterana y que no suele estar en los manuales de pediatría. No me creas ciegamente, pregunta a tu propia madre si lo que digo es cierto, ella lo sabe. Y tú también lo irás comprobando con el tiempo.

En primer lugar, eres más sabia de lo que crees. Aunque te cueste creerlo, la intuición materna existe y además sabes más de lo que tu mente te dice. Confía en ti misma y en tu bebé. Verás que pasan cosas tan increíbles. El llanto de los bebés no es gratuito, es su manera de comunicar que está incómodo o que tiene sed, por ejemplo. Lo demás es cuestión de aplicar un poco la lógica y que permitas que tu intuición materna te guíe. Esa sensación que tienes desde la primera vez que le tuviste en tus brazos de que tu bebé y tú estáis conectados de alguna misteriosa manera, es cierta. No es magia, se ha comprobado científicamente; así que relájate y piensa en que tú y solo tú sabes perfectamente lo que más le conviene a tu niño o niña…Bueno, y él o ella también.

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En segundo lugar, lo que tú sientes él lo percibe: por eso es importante que estés contenta y relajada. No pienses en cosas negativas que seguramente nunca van a ocurrir. Deja a un lado los nervios y el pánico, porque eres completamente capaz de cuidar a tu peque como la que más. Recuerda que precisamente por esa conexión madre-hijo de la que hablábamos, los recién nacidos conservan durante el primer año una especie de intuición que les conecta emocionalmente a sus madres; saben si están tristes, cansadas, deprimidas o felices. Sienten el amor a través de tus brazos o de tu tono de voz, pero también la inquietud o la preocupación. Permítete ser feliz, aunque la novedad de cuidar de tu bebé te tenga un poco desubicada y agobiada. Muy pronto te acostumbrarás y desde el principio, estás forjando que tu niño sea un niño tranquilo y confiado o un niño alterado, por lo que percibe en su entorno.

En tercer lugar, decide tú quién toma en brazos a tu bebé: las visitas en los primeros días del recién nacido suelen ser habituales. Amigos, parientes o compañeros de trabajo acuden a tu casa para conocer al bebé y darte la enhorabuena. Lo más común es que muchas de esas personas quieran tomarlo en brazos, acariciar su carita o sus manitas, hacerle arrumacos tiernos… Es lógico, pero no es muy higiénico, ni tampoco recomendable para la tranquilidad del pequeño. Piensa que no puedes pedir a todas esas personas que se laven las manos, antes de tocarle, como sin duda lo haces tú.

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El sistema inmunológico de los bebés es muy delicado, porque aún se está aclimatando a este mundo exterior lleno de bacterias. La simple cercanía con alguien resfriado puede contagiarles. Así que es tu responsabilidad cuidar de que tu hijo esté en un entorno lo más aséptico posible. Además, si están dormidos como si no, los bebés se sobresaltan ante voces desconocidas, manos inexpertas que les cogen de repente o traspaso de brazos en brazos. Ellos se merecen estar tranquilos y sentirse seguros, porque nada saben de visitas, ni son capaces de comprender que se les aparta de la paz de su cuna por afecto.

Muestra a tu hijo a las personas que te aprecian, pero haz respetar su espacio: tus familiares y amigos entenderán que te muestres reservada en cuanto al trato con el bebé. Explica amablemente que te sientes mejor si al niño se le deja descansar bien y prefieres que no se le tome en brazos demasiado.

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Durante el primer año, presérvale de las mascotas: quizás en tu familia exista ese otro miembro no humano pero tan querido, como un perro o un gato. Las mascotas nos tienen aprecio, pero no hay que olvidar que no son racionales, que sus patas y sus alientos no suelen estar carentes de microbios y que el recién nacido es muy vulnerable e incluso puede ser alérgico al pelo de los animales. No dejes que tu mascota se abalance sobre la cuna o el cochecito de tu bebé, para prevenir posibles accidentes. Tampoco dejes que lama libremente al niño o los utensilios para el niño, ni que estén descansando juntos en la misma cama o en el sofá. Por tierna que sea la escena, lo importante es preservar la seguridad de tu hijo. Tu mascota y tu hijo tendrán tiempo de sobra de conocerse y jugar juntos, no es necesario que expongas la salud y bienestar de tu bebé, como no dejarías que otro niño se hiciera cargo de cuidar del recién nacido.

Solo son unos apuntes de cosas que debéis cuidar cuando sois por fin mamás y en las que, quizás, no habéis pensado de ese modo. Seguro que tenéis otras dudas y, si queréis, podéis escribirlas en los comentarios y trataremos de responderlas. ¡Disfrutad con vuestros bebés!

Imágenes: pixabay

Autor: Lola Romero

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