El apego con el bebé: ¿Por qué es importante que sea saludable?

Seguro que alguna vez habéis oído hablar de este término: vínculo afectivo, apego… Pero, ¿sabemos realmente qué son y qué importancia tienen en las relaciones que construimos desde que nacemos?

Podemos afirmar que ambos se forjan a través de nuestras relaciones emocionales/afectivas. El apego es aquella que se establece ya desde pocas semanas después de nacer, viene determinada por el tipo de relación que el pequeño establece con sus cuidadores. Se forja desde el punto de vista del niño en relación a sus figuras de apego. Estas son generalmente el padre y la madre en edades tempranas o quien lleve a cabo esta función.

Por otro lado el vínculo afectivo se desarrolla a lo largo de los dos primeros años de vida de nuestro hijo, es el tipo de vínculo que lleva a cabo el cuidador hacia el bebé y viene determinado por los sentimientos del cuidador hacia el niño. El tipo de vínculo afectivo que desarrollemos con nuestros hijos  determinaran  el tipo de relaciones que estos mantengan a lo largo de su vida.bebe_madre

Pero, ¿cuántos tipos de apego hay? Según la teoría del apego, existen los siguientes:

  • Apego seguro: Si se construye este tipo de apego, nuestro hijo  se atreve a explorar el mundo si tiene la proximidad de su base segura, es decir, que al menos un contacto visual le brinde la seguridad de que se está pendiente de él.
  • Apego inseguro: Si se construye este tipo de apego no se evidencia ningún tipo de base segura, pues el niño explora el mundo sin necesidad de tener ninguna proximidad ni siquiera visual con su cuidador.
  • Apego ambivalente: Si se construye este tipo de apego el niño buscará proximidad con su cuidador, pero al mismo tiempo parecerá, a la vez, que no esté a gusto teniéndolo cerca.

También existiria el negligente, en el que existiria un abandono “emocional” del bebè y de sus necesidades como persona en desarrollo.

Pero para hablar de apego , tendríamos que tener en cuenta los siguientes conceptos básicos:

  • Lo que se llama la base segura: Si el bebé nota que siempre puede volver a una zona conocida esto le permite explorar el medio y entender que es seguro, ya que aún que se vaya “todo sigue igual”. Así se verá reforzado su nivel de confianza hacia el mismo y los demás. Sería como “el campo base” del niño, dónde va a reponer fuerzas  a la vez que se asegura de que “todo sigue como y donde lo dejó” (en este caso los padres).
  • Las respuestas obtenidas de su cuidador hacen que el niño elabore una relación causa/efecto entre éstas y el mundo exterior. De esta manera que el niño construye un esquema mental sobre el mundo y sobre sí mismo. Si sus cuidadores son “positivos para y con  el”,  confiará en ellos, si por el contrario son crueles con el, lo infravaloran,  o no están cuando se les necessita, el niño construirà un esquema mental desde la desconfianza.  Esta base mental puede generalizarse más adelante hacia el mundo que lo rodea.
  • La figura de apego: El niño posee una persona (generalmente su cuidador) a la que le tiene más confianza y afecto, de acuerdo con la cantidad y la calidad de las experiencias vividas por y entre  los dos.  Por lo tanto la cantidad, pero sobretodo, la calidad de estas relaciones y experiencias determinarán sus “figuras de apego”.

Para desarrollar un buen apego nos pueden ayudar los siguientes puntos:

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Ser estables, constantes y dar confianza, estando presente sin ser demasiado insistentes y dejando espacio para que el pequeño exprese sus necesidades. Podemos “conectar” con éstas y estar comprometidos con la nueva etapa como padres así como  con el desarrollo global de nuestro  bebé.

No juzgar al niño por sus “estados afectivos” sino intentar comprender qué nos quiere decir con su llanto, sin hacer interpretaciones maliciosas del tipo “me está tomando el pelo” o “este niño me manipula”. Por lo tanto será de vital importancia “empatizar” con él y mantener una comunicación respetuosa sin “descalificar”, acompañándole con nuestra presencia y apoyo.

Empatizar también con nosotros mismos como padres, es una nueva etapa en nuestro ciclo vital y nuestra manera de vincularnos puede ayudar o dificultar que nuestro hijo pueda desarrollar un apego sano con nosotros.

Intentar no hacer más grave una situación de la que es realmente.

No hacer generalizaciones ni descripciones peyorativas del tipo “siempre estás llorando” “siempre te quejas”, “es que me crispas”, “eres una tiquismiquis”…., o convertir en dramáticas  situaciones cotidianas, las cuales sólo necesitan un poco de perspectiva, serenidad y contextualización.

Conectar con nuestro estado de ánimo y el del bebé. Nosotros somos los adultos y no nos podemos permitir estresar más al bebé de lo que ya está, por ejemplo. Tendríamos de ser capaces de conectar con sus necesidades en el momento y rebajar la tensión del mismo. Técnicas como la distracción, el acercamiento físico, el tono de voz u otros pueden ayudar a “cortar” una situación que escala negativamente.

No reforzar sus miedos, cada edad tiene sus “miedos”, sus “temores”. Tenemos que acompañar a ese temor sin reforzarlo. Porque cuando sean bebés serán miedos concretos y no muy graves, pero estos pueden convertirse en miedos generalizados y difíciles de manejar con el tiempo.

Fomentar la autonomía del niño, la confianza en sí mismo, en nosotros para que crezca hacia un adulto seguro, funcional y equilibrado.

elisabet

Para saber más podéis contactar conmigo Elisabeth Rusiñol Mirapeix, psicóloga, psicoterapeuta y coach en Interpersonal.

Imágenes: Pinterest

 

 

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