Trucos para comer fuera de tu ciudad por poco dinero

Hoy en día, gracias a los vuelos de bajo coste y el alojamiento en pensiones, hostales u hostels, lo que más caro se ha vuelto durante un viaje no es el transporte ni el alojamiento, sino la comida. Aquí tienes unos consejos que harán que tu bolsillo se equilibre durante ese viaje que tanto tiempo llevabas esperando para que no vuelvas con la sensación de que se te ha ido de presupuesto.

  1. No te precipites. Antes de comprar en el primer sitio que encuentres, busca otros lugares, pregunta precios y compara. Esto es aplicable tanto a la comida y los tentempiés como a los productos de recuerdo y regalo que solemos llevarles a la familia y los amigos después de salir de la ciudad.
  2. Siempre es más barato hacerlo tú misma que comprarlo. Si estás en una ciudad que conoces, intenta entrar en un supermercado y comprar pasta, embutido, fruta, galletas o cualquier otro tipo de alimento básico que te pueda suponer un ahorro comparado con realizar esa misma comida fuera del hotel.
  3. Planifica bien antes de comprar. Es importante tener muy en cuenta el número de días que vas a pasar fuera de casa y las comidas que harás por tu cuenta. Es muy habitual querer probar los restaurantes de la ciudad que has visitado, por eso debes contar también con ese hecho antes de comprar comida de más y que luego te sobre.
  4. Recuerda que todo resulta más barato lejos del centro de la ciudad. Si vas a pasar todo el día fuera del hotel realizando una visita turística, trata de llevar la comida preparada de antemano en una mochila para no tener que sufrir los abusos que suelen realizarse en los puntos turísticos de máxima concentración.
  5. Rellena la botella de agua en una fuente. Aunque en España estamos bien acostumbrados a que el agua sea un bien barato y frecuente, en otros países este dato no resulta tan cotidiano. De hecho, se han dado casos de vendedores ambulantes en Sevilla que han llegado a cobrar ocho euros por una botella de agua pequeña durante una ola de calor. Este gasto es tan fácilmente evitable como comprar una botella resistente en un supermercado y llenarla cuando entres a un restaurante o te cruces con una fuente.

Autor: Helena Invernon

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