Todos los hombres del rey

Es la historia de la transformación de un hombre honrado en un tirano que asciende al poder en plena democracia ¿Si el bien surge del mal sigue siendo bien?

El director Steven Zaillian ha querido trasladar a la gran pantalla la novela que lleva el mismo nombre Todos los Hombres del Rey de Robert Warren, ganadora del premio Pulitzer de 1946. Hacer un remake es algo complejo pero Zaillian ha sabido salir airoso.

El film es un drama de los años 30 que narra la historia del ascenso al poder de un idealista norteameriacano en el mundo de la política del estado de Lousiana. Sin embargo su embriaguez de poder lo lleva a entrar en el juego de la corrupción conduciéndole hasta su perdición. Cuando uno llega al poder el afán de querer más lo lleva a convertirse en aquello que siempre ha odiado y contra lo que siempre ha luchado. El poder, la corrupción, el idealismo, el amor y la traición se dan cita en esta película. La política se utiliza como marco para tratar los dilemas que atormentan al ser humana como el pecado, la culpa o la redención.

La verdad es que esta película cuenta con un reparto de lujo. Sean Penn hace un buen papel como Willie Stark, gobernador de Lousiana que provoca pasiones entre los pobres y recelos entre los ricos. Su personaje es una clara paradoja de cómo un hombre honesto entra en el mundo sucio de la política por su capacidad de oratoria y por sus deshonestas armas de chantaje. Jude Law, sin embargo deja atrás el típico papel de rompecorazones para interpretar a un periodista desgraciado en el amor, anclado en un recuerdo del pasado. Kate Winslet no está en su mejor interpretación. Su aparición a mitad del film y con un rubio platino nada favorecedor, juega un papel de mujer ambiciosa que vende su cuerpo por poder. Anthony Hopkins, envejecido y con una melena muy desaliñada está en su sitio como juez.

El resultado es una película interesante donde se juega con el pasado y el presente, a través del flash back. Pero en ocasiones, el aburrimiento pesa por la lentitud en el ritmo de narración. Quizá las más de dos horas que dura el film es un tiempo excesivo para un público que debe encontrarse en plenas facultadas sin no quiere bostezar más de una vez.

Autor: Judit Perez

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