Sitges 2004: 12 películas a tener en cuenta

Con la entrega de premios y el estreno de Frágil, el decepcionante último trabajo de Juanma Bajo Ulloa, terminó Sitges 2004, un festival de transición que, pese a resultar algo irregular, presentó un buen puñado de películas interesantes.

El cine de terror puro y duro fue quizá lo que más se echó de menos en esta edición, dominada por propuestas más cercanas a la ciencia ficción y a la fantasía. Quizá por eso la organización decidió que era una buena idea cerrar el festival con Creep, de Christopher Smith, la sórdida y claustrofóbica aventura de una joven que se queda atrapada una noche en el metro y es perseguida por un psicópata. Un filme que, si bien no es brillante, dejó muy buen sabor de boca entre los aficionados al género.

Ya en la rueda de prensa que se dio antes de empezar el Festival, su director, Ángel Sala anunciaba que se habían vendido más de veinte mil entradas hasta el momento; los resultados finales fueron bastante positivos: el número de visitantes respecto al año pasado aumentó en un 34%. Y es que los platos fuertes tiraban mucho: las entradas para películas como Oldboy, The Machinist, The Grudge, Steamboy o The Phantom of the Opera, Sky Captain and the World of tomorrow se agotaron en poco tiempo.

Como en todas las ediciones, hubo invitados de renombre: Aitana Sánchez-Gijón presentó The Machinist junto al director Brad Anderson, un simpatiquísimo y accesible Guillermo del Toro (Hellboy, El espinazo del diablo vino a dar una clase magistral, Joel Schumacher y Andrew Lloyd Webber hablaron de su Fantasma de la opera junto a los principales actores del filme, y el gran John Landis (Desmadre a la americana, El príncipe de Zamunda, Un hombre lobo americano en París) dio otra clase magistral que se convirtió en una de las sesiones más entrañables del festival.

 

Quién trajo el glamour y la expectación fue Sarah Michelle Gellar, la infatigable Buffy cazavampiros, que presentaba The Grudge, la enésima versión, esta vez con capital norteamericano, del éxito del horror japonés Ju On (La maldición), dirigida por el mismo director, Takashi Shimizu. Gellar, preciosa con su conjunto de tejanos y camisa de tirantes blanca bajo una elegante chaquetita dorada, protagonizó una multitudinaria rueda de prensa en la que las cámaras fotográficas no dejaban de hacerse oír. La actriz norteamericana se mostró bastante reacia a dejarse ver por el festival y firmar autógrafos a los fans y, tras la rueda de prensa, desapareció hasta el momento de presentar la película, a la que asistió habiéndose cambiado de ropa, esta vez con un vestido beige ligeramente escotado y terminado en una larga falda que ocultaba sus blancas piernas. Fugaz pero poderosa, la sombra de Buffy se apoderó del Festival ese martes.

Obviaremos comentar la Star Wars Conference, pues se podría decir que no la hemos cubrido a fondo y las pocas impresiones que tenemos no son demasiado buenas. Tampoco somos demasiado fans de la trilogía de George Lucas, todo hay que decirlo. A continuación, hemos seleccionado doce películas que por calidad, repercusión o factor sorpresa merecen ser brevemente comentadas:

Oldboy (Park Chan-Wook, 2003): por méritos propios, la vencedora del premio a la mejor película. El durísimo relato de la venganza de un hombre que ha pasado quince años encerrado en una habitación ya había triunfado en Cannes y encantó también en Sitges. El coreano Park Chan-Wook logra un filme vibrante, tenso, doloroso y a la vez bellísimo. Un cineasta a seguir, que ya contaba en su haber con dos películas más que notables: Sympathy for mr. Vengeance, el complemento perfecto de Oldboy, y Zona conjunta de seguridad, un emocionante drama bélico.

Hair High (Bill Plympton, 2004): la nueva del irreverente animador norteamericano fue, sin duda, una de las películas más divertidas del festival. Una tragicomedia de instituto plagada de sarcasmo y gags impagables, todo aderezado con el exquisito estilo Plympton. ¿Quién dijo que los dibujos animados eran un entretenimiento menor?

Saw  (James Wan, 2004): el gran bluff de este año. Una película que llevaba meses en boca de todos los aficionados al terror, que venía habiendo ganado el gran premio en el festival de Donosti, y resultó ser un mediocre psycho-thriller, tramposo hasta la médula, que bebe demasiado de Seven y otras películas de un subgénero, el de asesinos en serie, más que agotado. Formalmente bien llevada, macabra y oscura, entretenida, pero poco más. Si alguien os dice que le importa lo que le pase a los personajes de esta película, es que miente.

Vital (Shinya Tsukamoto, 2004): también merecida ganadora, en la sección Noves Visions (que fue la sección más fuerte del festival). El perdón y la redención son los temas de una película preciosa, que configura uno de los triángulos amorosos más extraños vistos recientemente. Estéticamente fascinante, como casi todo lo de Tsukamoto; es una lástima que vaya a ser tan difícil dar con maravillas como esta. Cruzad los dedos, y si no la estrenan por aquí, habrá que recurrir al dvd de importación…

El maquinista (Brad Anderson, 2004): por fin la Fantastic Factory de Julio Fernández puede decir que tiene una buena película sin que nadie se escandalice. Un Christian Bale con un aspecto físico sobrecogedor, casi fantasmal, se ha llevado el premio al mejor actor por esta agobiante intriga psicológica que confirma a su director, Brad Anderson, como alguien a tener en cuenta en el panorama fantástico actual.

Howl’s moving castle (Hayao Miyazaki, 2004): que una película de Miyazaki sea buena es algo que ya no debería sorprender a nadie. El autor de La princesa Mononoke, Porco Rosso o El viaje de Chihiro nos vuelve a deleitar con fantasía de la buena y con su detallista pincel, que se marca unas pinturas bellísimas y unos personajes vivísimos y llenos todos ellos de carisma. Es casi redundante destacarla, pero es la película perfecta para pasar un rato mágico con los niños. O con la pareja, o con quien quiera acompañarnos.

The taste of tea (Katsuhito Ishii, 2004): otra película preciosa, una comedia falsamente costumbrista, muy delirante y surrealista, llena de vitalidad y ternura. Nos emociona, nos hace reír, nos sorprende, nos deslumbra. Fue ideal para despedir el festival con una sonrisa en la cara.

Strings (Anders Ronnow-Clarklund, 2004): la gran broma del festival. ¿Como se le han podido dar dos premios a una película tan confusa y mortalmente aburrida? Es una película épica con marionetas y, vale, es muy bonita, tiene algunas imágenes para enmarcar, y entiendo que es fruto de trabajar como un cosaco durante cuatro años. Pero lo que no llega, no llega. Y a ninguna de nosotras nos llegó esta fábula con demasiados personajes, demasiado embarullada y grandilocuente.

Rhinoceros Eyes (Aaron Woodley, 2003): apunten este nombre porque esta es, desde ya, la película de culto de Sitges 2004. Una extraña historia de amor entre un freak adicto a los melodramas románticos que trabaja en una tienda de atrezzo y una directora de arte que le va chantajeando para que le consiga cosas como ¡ojos de rinoceronte! ¿Suena bien, no? Una película que los degustadores de rarezas y todo aquél gustoso de ver cine sin prejuicios disfrutarán como enanos. Humor absurdo, perdedores, muñecos animados muy chulos, y un encanto ligeramente ochentero que le va que ni pintado.

Seed of Chucky (Don Mancini, 2004): a Ángel Sala le brillaban los ojos cuando anunció que tendríamos la última del muñeco diabólico en Sitges. Si os gustó La novia de Chucky, aquella gamberrada sublime del japonés Ronnie Yu, no hay motivos para que no os guste esta. Políticamente incorrectísima, sangrienta hasta extremos poco vistos últimamente en el cine de multisalas, y con cameo de Britney Spears incluido.

CSA: Confederate States of America (Kevin Willmott, 2004): la necesaria dosis de cine comprometido. Espléndido falso documental que especula con la posibilidad de que el sur hubiera ganado la guerra de secesión norteamericana y no se hubiera abolido la esclavitud. Mucha documentación bien empleada, humor negro por doquier y muchas ganas de tocar los cojones.

El habitante incierto (Guillem Morales, 2004): terminamos este repaso de Sitges 2004 con otra de las sorpresas de esta edición. El debut en el largometraje de este joven catalán que ya había gustado en Sitges con cortos como El cuarto oscuro es una más que interesante bocanada de aire fresco para un cine fantástico español que no vive una época especialmente brillante. Se trata de una bizarra intriga psicológica con la soledad y el voyeurismo como temas de fondo de la que mejor no revelar mucho. Dirección estilosa y notable trabajo de fotografía e iluminación para una peli que no para de crecer hasta que se acaba. Algo larga, pero nada, se ve bien.

Autor: Toni Junyent

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