¿Qué nos pasa con nuestra hija adolescente?

Nosotras hoy como madres diferimos mucho de lo que fueron nuestras propias madres, por la época que nos toca vivir hemos logrado combinar la dedicación a nuestras hijas con el trabajo, actividades lúdicas, deporte, cuidado personal, etc.

Somos madres relativamente jóvenes y hemos renunciado al discurso de abandonarlo todo o “sacrificarnos”, de forma mal entendida por nuestras hijas. Muchas de las madres que tienen hijas adolescentes – entre 13 y 18 años- que poseen una educación abierta, de respeto a las ideas contrarias y tal vez por ello, de concesiones ante propuestas que, si bien no aceptan para sí mismas, las consideran válidas para otros. Ese respeto se ha trasladado también hacia las hijas que ya no están sujetas a la disciplina de la casa, con la rigidez que sufrieron las generaciones anteriores.

Sin embargo, las hijas adolescentes tienen que romper con un modelo no solo materno, sino también femenino que la madre posee para poder crear o recrear el suyo propio. Esto supone una ruptura que muchas veces, se lleva mal por ambas partes porque la adolescente juega al límite y esos límites son precisamente una delgada línea interior que la madre debe de tener muy clara.

La apuesta materna estará en jugar al sentido común, a velar por la no anticipación de etapas de las hijas aunque en muchos casos la sociedad, presiona o empuja porque se salten etapas. Tener muy claro nuestros límites interiores como madres, sabiendo que la adolescencia es una etapa más de la vida y superarla también implica crecer. Y si nuestras hijas se hacen mayores, nosotras también, con lo cual tenemos que poder lidiar con dos procesos a la vez, el nuestro y el de ellas. Separando bien ambos procesos nos sentiremos con mejor predisposición para poder afrontar la adolescencia de nuestras hijas.

Por último, pensemos que la palabra madre incluye la palabra amiga. Pero una amiga de verdad no siempre dice lo que la otra quiere escuchar, o hace lo que la otra quiere que haga. Dice y hace lo que es mejor para su amiga.

Como nos lo decía Quintiliano: “conviene comer para vivir, no vivir para comer”.  VerónicaComer bien, la clave de nuestro bienestar integral%Rodríguez Orellana es Directora del Coaching Club  Experta en Coaching- Especializada en Coaching Sistémico  Master – Practitioner en PNL-Terapeuta Gestalt

Autor: Verónica Rodríguez

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1 Comentario

  1. la adolescencia es una etapa de la vida donde nuestras hijas tienen que nutrirse de conocimientos verdaderos,de valores sanos para vivir en el futuro tranquilo sin ningun temor a nada ya que la paz y el amor tiene reinar en nuestras vidas como familia.

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