Grandes discusiones que desgastan. Algunas parejas ya no discuten por nimiedades, sino que han pasado sin darse cuenta a un peligroso estadio superior, en el que las discusiones rozan la agresión personal y hacen sufrir, hasta transformarse en un continuo enfrentamiento plagado de rencores, distanciamiento y luchas de poder.
Las cosas van mal entre vosotros desde hace meses y no hace falta acudir a un especialista en
parejas para darse cuenta de que esas grandes discusiones desgastan la pareja. Si existiera un sensor o una alarma que nos advirtiera cuándo discutir y cuándo no, posiblemente hoy muchas parejas seguirían felizmente casadas.