Oliver Twist, una visión realista de la novela

Oliver Twist

El director Roman Polanski nos ofrece una nueva versión de la famosa novela de Charles Dickens en la que se narran las desventuras de un niño huérfano de la Inglaterra del siglo XIX.

Oliver Twist es un huérfano que, como sus compañeros de orfanato, se muere de hambre y un día decide pedir algo más de comida. Su petición le supone ser tachado de problemático y es ofrecido como aprendiz a una tienda de ataúdes. Allí tampoco recibe un buen trato y decide huir a Londres donde acabará en manos de Fagin, un viejo líder de una banda de niños carteristas.

Tras el éxito obtenido con la película El pianista, que le dio tres Oscar incluido el de mejor director, Polanski decidió basarse en este clásico de la literatura para hacer, esta vez, una película que también pudiesen ver los niños. Según afirma el director, la película narra un cuento para el público joven y su intención al hacerla era elaborar un film para sus propios hijos que, por cierto, aparecen en la película en dos pequeños papeles.

Para interpretar a Oliver, el director eligió al británico Barney Clark, un niño que sabe transmitir con sus gestos la inocencia, la ternura y la bondad del personaje creado por Dickens. Pero además de la buena elección del protagonista, la película adquiere realismo gracias a los papeles de los personajes secundarios. Destaca entre todos un magnífico Ben Kingsley, casi irreconocible a causa de la caracterización que le consigue convertir en un muy creíble Fagin. Otros personajes como el criminal Bill (interpretado por Jamie Foreman), Nancy (Leanne Rowe) o el resto de niños que acompañan a Oliver, realizan buenas interpretaciones que ayudan también a dar credibilidad al conjunto de la película.

Aunque se trate de un film que puede ver el público joven, la historia no prescinde de los momentos oscuros y muestra la dura vida de Oliver y las penurias que sufrían muchos niños en la Inglaterra victoriana (que son similares a las que sufren aún hoy en día muchos niños). Desde el orfanato en el que comienza la historia, hasta las calles de Londres (un Londres simulado, pues la película se rodó en Praga), el espectador se topa con la dura realidad de fondo que transmite la novela de Dickens y sigue a Oliver en sus aventuras y desventuras. Y Polanski sabe transmitir, sin buscar la lágrima fácil en ningún momento, la dureza de la vida de este huérfano y sus compañeros, pero también los buenos momentos a través de los personajes que son amables con Oliver.

El único problema que se le podría achacar a la película es su larga duración (algo más de dos horas) que unido al hecho de que se trata de una historia bastante conocida puede restar suspense a la película. A pesar de estos pequeños inconvenientes (si se les puede llamar así) se trata de una historia que no ha perdido su fuerza desde que Dickens la escribiera en el siglo XIX. Y sin duda, Polanski, manteniéndose fiel al texto, ha sabido retratar de forma realista este cuento.

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