Lunares: ¿cuándo salta la alarma?

La cautela es imprescindible. Pero tampoco puedes olvidarte de observar tu cuerpo. Él tiene las respuestas. No te obsesiones, pero no te abandones… Repasa tus pecas. Obsérvalas y analízalas.

No hace falta que cada día pierdas minutos delante del espejo mirando y remirando todas y cada una de las pecas de tu cuerpo. Pero inevitablemente necesitas dedicar un tiempo a observarlas ¿Cuál es la señal de alarma? Qué es lo que realmente debe llevarte directa hacia el médico de cabecera: Cualquier cambio, aunque sea mínimo, en la apariencia de una peca o lunar. Si percibes alguno de estos cambios acude rápidamente al dermatólogo. Pero no seas excesivamente alarmista: hasta que el médico no te confirme un diagnóstico no hay nada definitivo.

El color. Los cambios de tono en una peca son muy significativos. Si se enrojecen o se oscurecen tienes que consultarlo con un especialista.

El tamaño. Los lunares malignos suelen tener un diámetro que supera los seis milímetros. No obstante, en cualquier caso tienes que valorar las oscilaciones. Los cambios en la forma de los lunares puede ser significativa. Analízala y si observas alguna alteración acude al dermatólogo.

Las asimetrías y los bordes irregulares. Los lunares no tienen porqué ser perfectamente simétricos. Pero es habitual que en los lunares malignos las irregularidades sean extremas y vayan creciendo y aumentando.

El relieve y el volumen. Es cierto que hay algunas pecas que tienen un cierto volumen. Si este no se altera, en principio, no supone ningún problema, pero si el relieve aumenta o se extiende deberías acudir al especialista. La aparición de alguna hinchazón próxima al lunar puede ser un motivo de alarma. Tampoco es normal que el lunar sangre o que nazcan costras a su entorno. Si ocurre, consulta con el médico.

Autor: Redaccion

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