Los likes en Instagram: Una droga altamente peligrosa para tu cerebro

Instagram nos tiene enganchados a casi todos. Todavía queda alguna especie, en extinción, que anda por ahí sin redes sociales, viviendo al límite o, por lo menos, con la mirada levantada. Puede que los tomemos por anti sociales, ‘raros’, pero algo no son: víctimas de los likes.

Sí usuarios enganchados a Instagram, no os estáis dando cuenta pero los likes se están convirtiendo prácticamente en una especie de ‘droga’ para el que los busca, y si además superas los 100 vete preparando, porqué está afectando a tu cerebro.

Los likes se han convertido en la dopamina y serotonina cibernética. Nuestro cerebro entra en un estado de satisfacción soberbio cuando nuestros likes parecen superarse en número, y al final no importa cuántos sean, sino que vayan subiendo. Saber que los demás nos dan su aprobación, que gustamos o, simplemente, que se nos sigue por alguna razón que no logramos ver nosotros mismos -porque os aseguramos que si la supierais no necesitarías de la aprobación de otros para creerlo-. Saber todo esto de manera instantánea y cuantificada en likes, nos está destrozando el cerebro.

Lo peor es que no hay medicina que lo solucione, la única vía para acabar con el mono de los likes es deshaciéndonos de Instagram. Nada es su justa medida debería considerarse alarmante. Tener la aprobación de nuestros seguidores, subir contenido creativo, que nos llene y que no nos dañe la imagen, no es en absoluto nada malo. Pero cuando la búsqueda de esos likes en Instagram se convierten en nuestra obsesión y objetivos diarios, la cosa no puede ir a mejor.

Hay quienes controlan las horas de publicaciones: entre las 18h y las 19h de la tarde los días de cada día se tienen más likes, y a las 11 de la mañana los fines de semana. Luego está el tema de los filtros, los hashtags, los likes que se tienen que devolver para fidelizar usuarios, incluyendo a los más remotos y desconocidos, o los destinos de vacaciones escogidos sólo y únicamente si son ‘instagrameables’.

Vivir buscando la aprobación en los demás no es sano y para nada nuestra imagen en Instagram podrá decir en total esencia quienes somos y qué pensamos, pero si además ignoramos el hecho de que estamos cayendo cada vez más en esta droga 3.0 el futuro de nuestras generaciones, nos atrevemos a decir, está en peligro.

Vivimos en una sociedad donde la imagen prevalece sobre la información, y bien es cierto que ya sea Instagram, o cualquier otra red social creada, bien utilizada es una arma de doble filo. Llegar a la gente y saber que un gran numero de usuarios nos dan su aprobación y fidelidad, puede ser también una forma de hacerles llegar temas que de entrada no despiertan interés pero que pasan a serlo si nuestro ‘influencer’ favorito nos los plantea. Todo debe jugarse con las cartas correctas.

Utilicemos las redes para lo que son, y dejemos la dopamina y la serotonina para los besos, los abrazos y el ejercicio físico. Siempre que no nos olvidemos de ser y estar con personas, por mucho que nos estimule y nos alegren los likes, nuestra felicidad no solo nacerá de esa fuente, y pasaremos a ser seres menos frívolos e inseguros.

Imágenes: cosmopolitan.es, fpunto.org, 

Autor: Redaccion Nosotras

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