Lobo: infiltrado en ETA

Tras la detención en Francia de la cúpula de ETA, y con esa carta donde históricos ex líderes piden desde prisión el cese de la violencia, nos llega la historia real de una de las personas a las que el mundo etarra debe odiar con más fuerza.

Lobo era el nombre en clave de Mikel Lejarza, agente de los servicios españoles que, a mediados de los setenta, logró infiltrarse en ETA y hacer en ella estragos. Artífice de la detención de 150 activistas y colaboradores de la banda, entre ellos la cúpula de entonces; frustró la primera fuga masiva de presos de ETA de la cárcel de Segovia, y evitó una oleada de atentados indiscriminados con los que el grupo terrorista pretendía sembrar el pánico y demostrar su poder al ya agónico régimen del general Franco. Tras las hazañas, fue abandonado a su suerte por la justicia española y condenado a muerte por ETA, teniendo que cambiar de identidad y de rostro para no ser reconocido.

La película nace de la determinación de su productor, Melchor Miralles, quién en los 80 conoció a Lejarza y, fascinado por su historia, decidió que tenía que rodarse un film sobre la misma. Y, finalmente, ha logrado sacar adelante el proyecto, encargándole la dirección de la película a un desconocido en el panorama cinematográfico español, el cineasta vascofrancés Miguel Courtois. Su protagonista, sin embargo, es un cebo seguro para el público español: Eduardo Noriega. Junto al popular actor, están otros conocidos como José Coronado, Silvia Abascal o Jorge Sanz.

Miralles y Courtois han apostado por hacer de la película un intenso thriller en toda regla, que sea fiel a los hechos y al retrato histórico de la época pero sin olvidarse del espectáculo cinematográfico. La preocupación de productor y director es que haya equilibrio entre el discurso y la forma; no realizar un film militante en ninguno de los dos bandos sino contar una historia que, por su dimensión humana y de riesgo, se prestaba a ser contada en el cine. Ellos parecen satisfechos de Lobo. Veremos si la película consigue ser notoria por sus posibles méritos y no por las típicas y acartonadas discusiones pseudopolíticas a que nos tienen acostumbrados eventos de este tipo.

Autor: Toni Junyent

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