Hun Deok Lee y su planeta de flores

El coreano Hun Deok Lee nos deja aproximarnos a su yo más íntimo a través de sus cuadros, que narran la historia de un planeta maravilloso llamado Koshindoland, habitado por flores de absoluta inocencia y su pequeño habitante que viaja a la Tierra.

El pequeño koshindolano desea estar entre los humanos, cosa que se le permite a cambio de intervenir en nuestro planeta como mediador entre lo humano y lo divino. Para cumplir su tarea como diácono, recolecta las sensaciones que transmite la naturaleza humana para transformarlas en armonías de colores y formas y luego poder ofrecerlas a su universo espiritual.

Además, para conseguir este cometido debe transformar su aspecto de flor  en formas humanoides y de animales. En los cuadros donde se narran las experiencias del pequeño koshindolano aparecen peces, cisnes, gatos, serpientes… todo envuelto en un conjunto que revela las reflexiones que le causó la vida entre los humanos: la necesidad de denuncia, de inconformismo y de crítica además de la necesidad de expresar ternura y amor.

Las pinturas, plotters y trabajos escultóricos y en vídeo conforman su exposición, que procede del trabajo realizado por el artista durante años. En sus pinturas, sobre todo,  queda reflejado el uso de la parsimonia, la repetición y el trazado holístico, obsesivo, como métodos creativos cargados de un alto componente espiritual. Las obras transmiten buenas vibraciones. Algunos de los dibujos que se pueden descifrar son estrellas, notas de música, soles, flores, raíces…Love on machina, Alabanza en clave de sol, Sonamu, Rachel the Messenger, Le humanoid in sex y La sed de los peces son algunos de los nombres de las obras de Hun Deok Lee, cuyos precios oscilan entre los 500 y los 2.900 euros.

Iguapop Gallery es el lugar elegido por este coreano residente en Barcelona desde que era niño para exponer sus obras. La colección, que se podrá visitar hasta el 30 de abril, habla mucho de él, de su conjugación entre Oriente y Occidente y de sus aficiones: el skateboarding y la música. Así pues, la influencia de la simbología ancestral coreana de la Dinastía Yi, que se utilizaba en el pasado con connotaciones taoístas y budistas, se mezcla con la absorción de la cultura Pop, el mundo del skateboarding y la cultura pictoplasmática-consumidora occidental.

Autor: Regina Cruz

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