Hago ¡chas! desaparezco de tu lado y algunas excusas baratas

Aunque creas que esas cosas sólo te pasan a ti, la realidad no es así. La sociedad sigue patrones de comportamiento que se repiten como el ajo, una y otra vez. Y si no, haz un sondeo entre tus amigas: seguro que encuentras a alguna que te cuenta una experiencia sentimental en la que te puedes ver reflejada. Hoy trataremos el tema de las desapariciones misteriosas y las excusas baratas ¿A que te suena?

Empezó como un caso aislado que poco a poco se fue extendiendo como la peste negra entre nosotros, hasta convertirse en un caso habitual. Se empezaron a oír historias muy parecidas entre sí, que siempre empezaban de la misma manera: “No lo entiendo. Nos iba bastante bien, habíamos quedado unas cuantas veces, me mandaba mensajes, nos llamábamos y de pronto, despareció”. Y esa pobre chica (porque generalmente, el que desaparece suele ser él. Hay casos en los que ha sido ella, pero muchos menos) que pensaba que estaba iniciando una relación, se queda sin saber qué pensar.

Porque ese es el principal problema del mal de la desaparición: que no sabes qué ha pasado. Aparentemente todo iba bien y la otra persona no lanzaba señales de querer cortar la relación precisamente, sino todo lo contrario. Y de repente, hace un ejercicio de prestidigitador digno de La Escuela de Desaparecidos Osama Bin Laden. No hay manera de dar con él: no contesta a los mensajes, no responde a las llamadas, no se conecta a Skype ni al chat del Facebook, el Whatsapp parece que no le funciona y ya no sabes por qué vía contactarle.

Si ha pasado más de una semana (démosle 2 de margen, siendo muy generosas) significa que te has convertido en una nueva víctima de esa enfermedad sentimental tan extendida en el SXXI y que tratamos aquí ahora. Olvídate de ese chaval, porque no lo vas a volver a ver en tu vida, a no ser que el destino quiera que os crucéis un día por la calle. Si eso ocurre, puede comportarse de dos maneras: hacer que no te ve y agachar la cabeza o pararte y hacer que se alegra mucho de verte. En los dos casos quedará como una rata asquerosa, pero él seguramente ni se lo planteará.

Le llamaban el desaparecido… y volvió

Llegados a este punto, tenemos que hacer un alto en el camino y advertirte: a veces, los desaparecidos vuelven. Si, cómo lo oyes. Y lo hacen con una excusa completamente elaborada en la mano para que les creas. Como si en la era de las telecomunicaciones no hubiesen tenido ni un minuto para enviarte un mísero mensaje, hacerte una llamada perdida, lo que fuese. Pero el desaparecido común es así: un gilipollas.

Vendrá y te contará una historia digna de Oscar: “Me fui un domingo de excursión, me sorprendió un alud y tuve que pasarme un mes en la montaña alimentándome de mis compañeros muertos y de los restos de empanada que pude salvar”, “Soy un testigo protegido y en realidad Paco no es mi verdadero nombre. A veces tengo que desparecer, por mi seguridad y por la tuya” o “Me gustas tanto que estaba aterrado por lo que sentía. He estado 2 meses psicoanalizándome y probando terapias alternativas tibetanas y por fin puedo enfrentarme a lo que quiero”. Por ejemplo.

Bueno, pues no te creas nada (aunque posiblemente sí lo hagas y le des otra oportunidad. No te juzgaremos: eres humana y todas lo hemos hecho) porque, obviamente, no le ha pasado nada de eso. La realidad es que había conocido a otra que le gustaba más y cuando también se cansó de ella, te llamó a ti. O llevaba tiempo sin comerse una rosca y se acordó de lo maja que eras. Al principio todo irá bien, pero volverá a jugártela y esta vez, te dolerá más. Hay excepciones, claro, en las que todo sale bien, pero son excepciones.

Cuando alguien quiere quedar contigo, te llama y quedáis. Se puede complicar un poco la cosa, por temas de cobertura, tiempo libre y demás accidentes vitales, pero las historias estrambóticas son excusas baratas y en definitiva, basura. Que no te tome por tonta: el amor propio, ante todo.

P.D: el desaparecido también puede hacer acto de presencia pasado mucho tiempo desde la última vez que os vísteis a través de un mensaje de texto absurdo que ponga: “¿Cómo estás?” o “Estaba comiendo cereales y me acordé de ti”. Bórralos. También son basura.

Imagen de “Nuestra canción de amor” (Image.net)

Autor: Carmen Lopez

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