Falsos mitos sobre el aceite de palma

Durante décadas el aceite de palma ha sufrido críticas negativas al verse relacionado con alimentos como la bollería industrial, los snaks u otros productos fabricados a base de grasas saturadas. Sin embargo, este aceite vegetal también contiene propiedades que son beneficiosas para el cuerpo humano.

El aceite de palma está libre de colesterol: una dieta enriquecida con aceite de palma no aumenta los niveles de colesterol en la sangre, es más, incluso puede ayudar a rebajarlos.

Previene contra el cáncer gracias a sus potentes antioxidantes, los tocotrienoles. Éstas moléculas que componen la vitamina E previenen de enfermedades degenerativas y del envejecimiento fisiológico.
 
La concepción que se tiene sobre que el aceite de palma contiene unos niveles muy altos de grasas saturadas también es falsa. Si bien es cierto que el ácido palmítico es saturado, el ácido oleico reequilibra la composición del aceite al ser un elemento monoinsaturado. Así pues, el ácido oleico compensa las grasas saturadas que contiene el ácido palmítico y reduce la oxidación y la presión arterial además de aumentar la vasodilatación y mejorar el metabolismo de la glucosa en la diabetes.

La ventaja del aceite de palma frente a otros aceites vegetales es que su composición natural requiere un cambio mínimo para su uso industrial, y esto repercute en que no genera ácidos TRANS, muy perjudiciales para la salud humana.

El aceite rojo de palma está revolucionando las cocinas de occidente gracias a la internacionalización de la gastronomía a nivel mundial. Hasta hace poco esta perla alimenticia se utilizaba sólo en países de climas cálidos y tropicales, pero ahora el aceite de palma se comercializa para uso doméstico en 15 países occidentales, entre ellos Estados Unidos y Nueva Zelanda.

Autor: Anna Bonet

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