‘El Grito’: Más fantasmas con malas pulgas desde Japón

Lo de Takashi Shimizu ya roza la patología clínica. Con ‘El grito’ (The Grudge) ya es la tercera vez que hace la misma película. Os pondremos en antecedentes: Shimizu es un estudiante de cine que convence a cierto productor japonés de que tiene el guión de una película que dará mucho miedo y mucho que hablar.

Le dan dinero y en el 2000 estrena el primer ‘Ju On’, una producción para el mercado del vídeo que, efectivamente, empieza a ir de boca en boca de los aficionados al cine de terror. El éxito de su opera prima motiva una secuela y, poco después, le ofrecen llevar el asunto al cine. Toma ya: vuelve a hacer las mismas pelis, original y secuela, pero estrenándolas en pantalla grande.

La taquilla responde, no sólo en Japón sino también en Europa y EEUU, y ‘Ju On’ (estrenada en España como ‘La maldición’) llega a ojos y oídos de Sam Raimi, aquel chaval que con apenas 20 años revolucionó el cine de terror con su ‘Evil dead’ (Posesión Infernal). El bueno de Sam se percata rápidamente del filón comercial de la película y le ofrece a Shimizu volver a hacerla, esta vez con capital norteamericano. El japonés acepta y se pone a ello, una vez terminada ‘Marebito’, extrañísima e insana película que pudimos ver en Sitges ‘04, protagonizada por Shinya Tsukamoto, otro enfant terrible del cine japonés.

Y ‘The grudge’ (El grito) ya está aquí. Viene de arrasar en EEUU y es, prácticamente, lo mismo que las otras. Un niño y una mamá que esconden, con muy mala leche, un macabro secreto. Y por si las apariciones del pequeño Toshio en armarios, detrás de puertas, entre las sombras… ya son de por sí acongojantes, añadámosle la cara de pocos amigos que tiene. Eso sí, si ya visteis ‘La maldición’ casi se podría decir que habéis visto también esta. O sea que: originalidad cero. Pero los sustos siguen funcionando, y el trabajo en el guión del norteamericano Stephen Susco contribuye a depurar la segunda mitad del filme, que en la versión japonesa se volvía tan confuso y demente —los fantasmas apareciendo por todas partes emitiendo sus ruiditos guturales— que algunos podían terminar tomándoselo como una comedia. La historia detrás de la misteriosa casa, que no revelaremos, está mejor explicada, cosa que hace que el clímax final funcione mejor, pese a ser más austero.

Pero bueno, habiendo tantas versiones para elegir, cada uno se quedará con una distinta. El señor Shimizu, por su parte, no parece cansarse de su criatura: ya prepara en Japón la tercera entrega, mientras Sam Raimi sigue negociando el remake norteamericano de la segunda. A falta de ideas, buenos son sustos, pero… ¿hasta cuando?

Autor: Toni Junyent

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