Descubre el placer de cocinar con flores

Un placer para la vista, el olfato y sobretodo para el paladar. Muchas culturas tradicionales usan flores en sus platos a diario, ¿y tú a qué esperas?

No es por extravagancia sino por el puro placer de degustar sabores nuevos que aporten un toque diferente a los platos. Las culturas orientales llevan años usándolas en su gastronomía añadiendo un variopinto elenco de sabores inéditos para cada manjar. Los griegos, los hindúes y los romanos ya conocían el placer de las flores en la cocina muchos años atrás.

Las flores se pueden cocinar de muchas maneras, rebozadas, hervidas, fritas… pero una de las mejores opciones es consumirlas al natural. No valen las flores de la floristería ya que están tratadas con pesticidas y otros productos tóxicos nocivos para el ser humano.

El uso de las flores de calabacín es el ejemplo más conocido. Pueden servir de guarnición con un segundo plato, mezclarse con la ensalada o servirse rellenas para constituir un primer plato.

Los pétalos de rosas, recién cortados, dorados en la sartén sin aceite y espolvoreados con azúcar hasta quedar escarchados tienen un sabor muy intenso. En países como Argelia se utilizan para perfumar el cus cus y los guisos de cordero. También se emplean para ensaladas y acompañadas de frutas.

Las ensaladas de pétalos de crisantemo o magnolia y flores de hibisco son perfectas para combinar con aves y pescados. Con aves también se combinan las flores de jazmín, que son muy usadas en Indonesia para perfumar platos de pollo.

La menta en Europa se utiliza como guarnición, pero no se suele comer, sin embargo sí que se emplea mucho para aromatizar bebidas refrescantes. Las caléndulas también son muy utilizadas para aromatizar caldos y bebidas.

Las violetas se mezclan bien con las endibias y como relleno de tortillas. Se pueden consumir secas, frescas o confitadas.

Hay que tener en cuenta que las flores no deben enmascarar el sabor del plato, sólo realzarlo y que hay que lavarlas muy bien con agua fresca antes de comerlas y según en que especies, quitarles los pistitos y las partes que amarguen. También es importante saber qué flores son comestibles y cuáles no.

Autor: Anna Bonet

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