Cristina Morató: ‘Las damas de Oriente eran tratadas por los árabes como un tercer sexo’

“Las damas de Oriente” es el nuevo libro de Cristina Morató, la periodista y fotógrafa catalana que ha recorrido América Latina, Asia y África elaborando reportajes y artículos. Después de escribir “Las reinas de África” y “Viajeras intrépidas y aventureras”, la que fue fundadora y actual vicepresidenta de la Sociedad Geográfica Española ha recopilado las biografías de 6 damas inglesas que siglos atrás se aventuraron a explorar territorios de Oriente que aún no estaban dibujados en los mapas de geografía. Mujeres como lady Mary Montagu, lady Hester Stanhope, lady Jane Digby, Gertrude Bell, Freyra Stark y Agatha Christie.

Porqué todas ellas son inglesas y ricas, sólo las inglesas se acercaban a Oriente o tú has hecho esta selección
La selección ha sido en función de lo que he encontrado. En los inicios del siglo XIX y comienzos del XX, las mujeres que viajaban eran sobretodo británicas, muy cultas y aristocráticas que se podían permitir estos viajes tan caros. Viajar más allá de Estambul o El Cairo en aquellos tiempos significaba adentrarse en los desiertos. Esto implicaba organizar una caravana de unos 50 camellos sólo para transportar los pellejos de agua, ya que ellas no conocían la ubicación de los pozos, tenían que contratar personal que las acompañara, comprar provisiones y, sobretodo, tenían que pagar una escolta de soldados que las acompañara, porque el viaje era muy peligroso debido a los ataques beduinos. El viaje era sólo apto para mujeres muy pudientes. Unas eran solteras, otras viudas, otras querían romper con su pasado…

¿Por qué te interesas por las mujeres viajeras y aventureras y no por hombres?
Por dos cuestiones, una porque yo soy viajera, me identifico con mis antecesoras y me interesa muchísimo lo que hicieron ellas, y dos, porque hay una injusticia histórica respecto a la mujer, como ocurre en muchos otros campos. La historia, escrita siempre desde el poder y desde los hombres, ha olvidado a las grandes viajeras y exploradoras que han recorrido el mundo. La historia de las exploraciones la han protagonizado tanto hombres como mujeres, aunque estas hayan sido olvidadas y calladas. Por eso hay que rescatar sus hazañas y sus vidas y que la gente sepa que estas mujeres no eran unas locas ni unas excéntricas, como algunos historiadores nos las han querido presentar, sino que eran mujeres cultas y preparadas que se enfrentaron a los mismos peligros que los grandes exploradores y viajeros del momento.

¿Por qué las consideraban locas y excéntricas?
En el siglo XIX, incluso a mediados, toda mujer que viajara sola en aquella Inglaterra victoriana era considerada locas y excéntricas, pero además se hacía chistes sobre ellas, no se las tomaba en serio y se las consideraba mujeres de vida alegre y prostitutas. El presidente de la Real Sociedad Británica de Londres, Lord Curzon, en un discurso que dio en 1830, llegó a decir que la mujer no estaba capacitada ni física ni mentalmente para viajar y que era un horror que las mujeres quisieran recorrer el mundo. En ese momento las mujeres ya estaban viajando. El problema es que la Real Sociedad Geográfica, machista y misógina, sociedad inglesa tan insigne, no quiso reconocer que las mujeres viajaban hasta que cincuenta años después de su fundación abrió sus puertas a la primera mujer Isabella Bird, que ya había dado tres veces la vuelta al mundo y escribió innumerables libros. No hace tanto de esta situación.

¿Qué diferencia los relatos de ellas de los relatos de los hombres de su momento?
Los relatos femeninos están escritos con mucha sencillez, no se vanaglorian de nada, hablan muy poco de los peligros a los que se enfrentan, están llenos de descripciones magnificas, porque todas ellas son unas grandes observadoras, y están escritos con un sentido del humor delicioso. Los libros de ellos, en la misma época, son realmente terribles, aburridos y densos. Por ejemplo para describir el atraque de un león emplean cuatro páginas para que sepamos lo mal que lo están pasando. Ellas tenían más ironía y no se entretienen con las descripciones de los peligros, que los consideran algo innato al viaje.

Eran mujeres muy independientes y con las ideas muy claras que desviaron radicalmente el rumbo de sus vidas. Cambiaron comodidades por aventura, cuáles eran los motivos: amor, curiosidad…
En principio todas ellas viajan influidas por la lectura de Las mil y una noches, que es ese libro que se pasan bajo mano, que las traslada a un mundo de caravanas, de beduinos, de harenes… Cada una viaja, además, por motivos distintos. Las hay como lady Jane Digby que viaja por amor. Ella era una dama inglesa que vivía en su mansión rodeada de sirvientes y decide abandonar su país y dejar atrás una vida muy escandalosa para su tiempo (5 hijos y una lista de amantes) y se dirige a Oriente como forma de huir. Terminará con el jefe beduino tribu de los Mezrab, con el que contrajo matrimonio. Ella está enterrada en Damasco en el cementerio protestante.

Es cierto que para su época eran modernas, pero muy conservadoras a la vez, ¿no crees? Seguían teniendo esclavos, vivían entre riquezas y bonitas telas, alguna sentía desprecio hacia los árabes…
Algunas de ellas abandonaron sus tradiciones, sus ropas y cultura europeas y se enamoraron de verdad. Y otras no dejaron de ser damas británicas estiradas y elegantes que recorrían el desierto con su vajilla de porcelana, tomando el té de las 5 y durmiendo en sus magníficas tiendas inglesas con mobiliario, cuando podrían haber dormido en una haima o en una tienda beduina. La mayoría eran damas imperialistas como Gertrude Bell, una diplomática que después de la I Guerra Mundial, cuando cayó el imperio Otomano y las potencias occidentales se repartían la zona en 1917, se la consideró la dama más poderosa del Imperio Británico. Ella había explorado Mesopotamia y conocía muy bien los desiertos y a los jefes de las tribus. Gertrude Bell marcó las fronteras del actual Irak, por aquel entonces creía que estaba creando su propio país.

Estas damas se sentían muy cómodas en Oriente, incluso se las respetaba más a ellas que a las mujeres del país…
Por eso les gustaba tanto viajar a Oriente. Muchas de ellas cuando regresaban a Inglaterra no dejaban de ser una lady más o una inglesa con una vida convencional. En el desierto eran recibidas por los árabes con toda hospitalidad y eran tratadas como un tercer sexo, ni como hombres ni como mujeres. Eran recibidas en las tiendas de los hombres, tomaban con ellos café, charlaban… a diferencia de las mujeres de los beduinos que estaban totalmente marginadas en una tienda a parte.

En sus viajes sufrieron emboscadas, dificultades, enfermedades… ¿Te ha ocurrido a ti algo así?
Yo no he sufrido grandes peligros pero los que he pasado siempre he intentado pasarlos con grandes dosis de humor. En Guinea Ecuatorial en el año 83 me puse hacer fotografías para unos reportajes y las autoridades del país consideraron que yo era una espía. Me animaron a abandonar el país, me pusieron muchos problemas y al final lo abandoné por piernas, como otros muchos compañeros. También me han pasado cosas más divertidas por ejemplo la que me ocurrió en un campamento en el Zaire, la actual República Democrática del Congo. Cuando estaba en la habitación abriendo el equipaje llaman a la puerta, abrí y… no me encuentro a un señor que viene a pedirme propina por el equipaje sino a un hipopótamo mirándome fijamente. Le cerré la puerta en las narices al pobre animal. Intenté llamar por teléfono pero no había y entonces vuelví a abrir la puerta porque piensé que habría sido un sueño. Y el hipopótamo seguía allí y además intentaba entrar su patita a la habitación. Y le volví a cerrar la puerta en las narices. Y a la tercera vez, que yo ya estaba desesperada porque tenía hambre y quería ir al comedor, hice algo muy femenino, cogí la mochila y le golpée en la cabeza para que se apartara, entonces me miró como diciendo “no entiendo nada” se giró esa masa y regresó al río. Cuando bajé al comedor y hablé con el director del hotel me dijo que no era un hipopótamo, que era Jak, la mascota del hotel. Y me enseñó fotos de todos los turistas con el pobre Jak. Por eso se sintió ofendido y triste al ver que yo le pegaba un golpe porque todos los turistas le daban comida.

A lo largo de los siglos los aventureros habéis ido configurando los mapas del mundo ¿Queda algún rincón por descubrir?
Para quien busque aventuras aún quedan los fondos marinos por descubrir, son un enigma, quedan muchos túneles y cuevas subterráneas por explorar. Y no olvides que la gran aventura del siglo XXI es el espacio y en un futuro los que tengan dinero podrán dar viajes alrededor de la órbita de la Tierra. Además, aún quedan, gracias a dios, lugares como el Amazonas donde no ha llegado el hombre occidental. El mundo es mucho más grande de lo que pensamos.

De todos los lugares del mundo que has pisado, ¿cuál te resulta más precioso o embriagador?
Yo soy una enamorada de Tailandia, me siento allí como en mi casa. Hay paisajes magníficos pero sobretodo me gusta su gente: hospitalaria, generosa y abierta. He sufrido mucho con todo lo ocurrido tras el tsunami porque ha golpeado a un pueblo que se esfuerza por salir adelante en condiciones difíciles. El hecho de ser budistas hace que tengan una filosofía de vida y una paz interior envidiables. No me importaría nada retirarme en Tailandia.

Cristina Morató ha reunido unas experiencias únicas y reales gracias a las cartas, diarios de viaje y relatos que publicaron las 6 damas, que “eran grandes escritoras” comenta la periodista. Está segura de que “el tema de las victorianas está agotado”. Cuando haga otro libro, y asegura que lo hará, “será sobre viajeras modernas del siglo XX”. Cuenta orgullosa que se alegra de haber puesto de moda en España el tema de las mujeres viajeras y que su intención final es animar a la gente a “leer los magníficos relatos originales escritos por estas señoras”.

Autor: Regina Cruz

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