Contar las horas, todo un placer

Controlar el tiempo siempre ha sido una obsesión para la humanidad. Si bien estamos sujetos a ciertas normas que implican citas que no podemos eludir, hagamos que al menos, medir el tiempo se convierta en un placer.

Un reloj es algo más que un mero instrumento para contar las horas. Podemos considerarlo prácticamente una joya que al mismo tiempo que es útil nos adorna la muñeca y nos da un toque personal.

Las mejores firmas se han apresurado para hacernos más placentera a la vista la rutinaria tarea de mirar la hora. Hay modelos para cada ocasión, con innovaciones en el diseño pero rigiéndose a la tradicional comodidad de las agujas.

Los relojes digitales pasaron a la historia. Las esferas claras, con los números bien marcados y las agujas más precisas son los elementos clave de las nuevas creaciones.

Los hay más austeros, con sólo las cuatro horas puntas señaladas o más completos, que pueden incluir hasta cronómetro y calendario. Cada reloj se adapta a las necesidades de su usuario.

Las correas de caucho de colores estridentes como el amarillo o el rojo están de moda. Sin embargo, el negro y el plata siguen siendo los tonos que mejor combinan con cada tipo de estilo y ocasión. Los relojes con pintura esmaltada, que recuerda a los brillos de la ciudad, los dota de una frescura muy dinámica y a la vez elegante.

Con todo el estrés que vivimos en la actualidad, qué menos que darnos un respiro y disfrutar, aunque sólo sea momentáneamente, consultando el reloj.

Autor: Anna Bonet

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