‘Concursante’: la suerte es que no te toque el premio

Un golpe de suerte puede arruinarte la vida. ‘Concursante’, película obligatoria si quieres entender como funciona el mundo de la economía.

¿A quién no le gustaría ganar un premio de más de 3 millones de euros?, presumir de mansión, de coches de lujo, de velero, de avioneta privada y de una cuenta bancaria con muchos ceros.
Seguro que a todos nos encantaría, pero después de ver Concursante, no solo a Martín Circo Martín, el protagonista, se le quita las ganas de ser rico.

El atractivo Leonardo Sbaraglia encarna  un joven profesor asociado de Historia de la Economía que acaba de convertirse en el ganador del mayor premio jamás concedido en la historia de la televisión. Martín, de la noche a la mañana recibe más de 3 millones de euros en premios de todo tipo. Sin embargo, pronto descubre que ser millonario es caro, y que no tiene el dinero para permitirse los premios. Hacienda, por su parte, reclama la mitad de las ganancias. Casi sin darse cuenta, Martín se ve en una trampa sin salida, intentando vender todos los premios que ganó.

Edmundo Figueroa, un viejo extravagante y disidente, puede ser su última oportunidad de escapar. Es en este momento cuando el concurso acaba de empezar.

 

Martín, rico de la noche a la mañana

Realmente Concursante no es un film recomendado, sino más bien, obligado. A pesar de que el argumento en sí no es nada del otro mundo, la originalidad recae en la manera en la que el director cuenta como funciona en realidad la economía. Sin quererlo el espectador asiste a una clase magistral sobre las artimañas del sistema financiero, desvelando así, su lado más oscuro. ‘Quería contar una historia en la que las cosas no fueran lo que parecen ser, en la que se hablara de un mundo oculto tras el espejo de la apariencia, en la que se plantearan los perfiles del mundo real, a menudo inhóspito, que apenas somos capaces de ver porque el hábito nos convierte en ciegos funcionales’, afirma Rodrigo Cortés, el director.

Concursante se cuenta por el final. Cortés, quiebra la línea temporal una y otra vez guiada por los recuerdos desordenados de Martín. La acción se detiene de golpe y se acelera frenéticamente. Hacia delante, hacia detrás. Se juega con el ritmo de la narración consiguiendo convertir la película en un puro espectáculo cuyo resultado es excepcional.

Autor: Judit Perez

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