‘Being Julia’, el drama de la monotonia

Londres, 1938. Período de entreguerras. La bella y seductora Julia Lambert (Annette Bening) se encuentra en su apogeo físico y profesional.

Sin embargo, tanto su carrera teatral, llena de éxitos, como su matrimonio con el guapo empresario teatral Michael Gosselyn (Jeremy Irons) empiezan a parecerle caducos e insatisfactorios. La novedad, la emoción y la chispa han dejado de formar parte de su vida.

Pero esta rutina cambiará con entrada en escena de Tom Fennell (Shaun Evans), un joven que afirma ser el mayor admirador de Julia. Con él, la protagonista inicia un romance, que será el mejor antídoto ante su crisis de edad. Esta historia de pasión convierte su vida en más atrevida y menos monótona. Pero la tórrida emoción del principio terminará cuando su joven amante la relegue cruelmente a un papel secundario. Reuniendo todas sus fuerzas, Julia tramará una inteligente venganza.

Orígenes literarios
El film nace de la novela Theatre (1937) de W. Somerset Maugham. El guionista Ronald Harwood no ha sido estrictamente fiel en la adaptación del libro. Ha modificado algunos aspectos como la nacionalidad de uno de los personajes, el joven amante de Julia es americano, no británico. Pese a esto, la intención de Harwood era mantener la esencia de la novela y sobretodo su sofisticado humor. Él mismo cree que la película “habla del amor, del deseo; del triunfo, la traición y la venganza. También habla de la realización y del descubrimiento personal. Son temas universales y la esencia de toda gran película”.

Para interpretar esa explosión de sentimientos humanos quién mejor, pues, que dos actores consagrados como Jeremy Irons y Annette Bening. Con películas a las espaldas como American Beauty, ella, y La misión y El hombre de la máscara de hierro, él, ahora encarnan a un matrimonio roto por la monotonía.

Pero en “Being Julia” no sólo brilla la actuación. El atrezzo, que da vida a la Inglaterra de 1938, también es uno de los puntos fuertes del largometraje. La película fue rodada mayormente en Hungría y se buscaron lugares donde había paneles de madera, grandes chimeneas y ventanas, amplias habitaciones y elaboradas lámparas de araña. Se importaron algunos objetos de Inglaterra para lograr una estética británica. “Picaportes, interruptores de la luz, cuchillos, tenedores, objetos cotidianos, detalles pequeños, pero perceptibles y que marcan la diferencia”, comenta la diseñadora de producción, Luciana Arrighi. Las sábanas de la cama de Julia, por ejemplo, tuvieron que comprarse en Inglaterra porque en Hungría no existía ropa de cama de ese tipo. En cuanto a vestuario, la actriz principal, Annette Bening, llega a aparecer vestida hasta de 39 formas distintas durante la película, algo que nos remite al diluvio de vestuario con el que aparecía Julia Roberts en “Pretty Woman”.

A pesar de la perfecta caracterización en “Being Julia” hay algo mucho más profundo. El mundo del teatro que envuelve la película es una metáfora para plasmar el papel que desempeñamos en las relaciones íntimas que forman parte de la vida. El director de la película, Istvan Szabó, asegura que el film “habla de personas que ven que hay que llevar máscara porque su sociedad, y el mundo en general, les pide que la lleven. Les obliga a interpretar un papel con el que a veces no son felices y que no saben como abandonar”. Tenemos, al fin y al cabo, un gran reparto de actores, una ambientación que roza la realidad más exacta y un ciclón de emociones que combinados han creado un cóctel que se pronostica como éxito.

Estreno: 29 de octubre

Autor: Regina Cruz

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